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Así habló Nietzsche

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"Pues no dejan de hablar de la maravillosa bienvenida que ustedes nos dieron y de cómo se apartaron de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero" (1 Tesalonicenses 1:9, NTV).

“Un libro para todos o para ninguno", era el subtítulo del libro más famoso de Friedrich Nietzsche: Así habló Zaratustra. Cuando nació ese 15 de octubre de 1844, su padre, Carl Ludwig Nietzsche, pastor luterano, poco imaginaba que su hijo estaría entre los mayores exponentes del nihilismo, movimiento filosófico que niega un sentido y propósito último para la vida, y es profundamente ateo. Fue uno de los ateos más activistas de la historia, identificado con el lema "Dios ha muerto”.

Hay un pasaje de su libro La gaya ciencia que resume su visión de la muerte de Dios:

"¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: ¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios! Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. [...] El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. '¿Qué a dónde se ha ido Dios?', exclamó. 'Os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Pero ¿Cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la Tierra de su Sol? […] ¿No nos caemos continuamente? ¿Hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes? ¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vació? ¿No hace más frío? ¿No viene de continuo la noche y cada vez más noche? [...] ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? [...] ¿No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros?'".

Nietzsche definía el cristianismo como una filosofía y una moral vulgares, para débiles y esclavos, que propone valores decadentes que impiden que las personas sean libres. Él reivindicó el ateísmo como única forma de alcanzar fuerza, libertad de independencia, perdidas por el cristianismo. Y anunció la muerte de Dios.

Terminó internado por demencia, poco antes de morir. Y por más que haya decretado su muerte, más de un siglo y medio después, Dios sigue vivo en la conciencia y la vida de las personas. Hoy, tenemos la responsabilidad de mostrar a un Dios vivo, que puede transformar la vida de las personas. La religión no es una serie de ceremonias sin sentido, sino una relación personal que cambia vidas. MB


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