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Cómo valer oro

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"Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes. Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al oriente de Mamre, la heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todos sus contornos, como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad" (Génesis 23:16-18).

El 18 de octubre de 1867 fue un día histórico: Estados Unidos compró a Rusia el territorio de Alaska por 72 millones de dólares. La falta de dinero y el deseo de que Alaska no cayera en manos británicas impulsaron a Rusia a vender el territorio tras el fracaso en la Guerra de Crimea.

En los Estados Unidos, esta compra fue objeto de fuertes críticas, ya que se pensaba que Alaska eran tierras con escasos recursos naturales para explotar Finalmente, el descubrimiento de oro en Yukón acalló para siempre esas voces disonantes. Hoy, Alaska es un lugar con múltiples recursos por explotar y muchos paisajes naturales para observar y gozar.

Cada día, constantemente, hay transacciones comerciales. Si eres partícipe en alguna, debes ser honesto y fiel. Tal fue el caso de Abraham cuando quiso comprar un sepulcro para su familia. Él no dejó que su prestigio, su influencia ni su dinero fueran elementos para sacar una ventaja inapropiada. Al contrario, pidió pagar el precio justo, como correspondía. Su palabra tenía valor, su nombre era sinónimo de lealtad y honradez, sus negocios eran conocidos por su honestidad.

Hoy puede ser un día histórico, si imitas a Abraham. Sé honesto, íntegro, y nunca te aproveches de las situaciones para sacar una ventaja económica o de otro tipo. Entonces, la gente te considerará mucho más valioso que las inmensas cantidades de oro encontradas en Alaska.

"En todos los detales de la vida hay que practicar los más estrictos principios de honestidad. No son los principios que gobiernan el mundo, porque Satanás, disimulado, mentiroso y opreso, es su amo, y sus súbditos lo siguen y llevan a cabo sus propósitos. Pero los cristianos sirven a otro Maestro, y sus acciones deben estar de acuerdo con la voluntad de Dios, al margen de toda ganancia egoísta" (Elena de White, Cada día con Dios, p. 335). PA


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