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Pintar para salvar

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"Y tomad un manojo de hisopo, y mojado en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana" (Éxodo 12:22).

Me encantan los museos, y contemplar con asombro las obras de arte allí expuestas; aunque lejos estoy de ser un experto conocedor de arte. Lo seas o no, es imposible desconocer a un pintor muy famoso al que se considera uno de los creadores del cubismo, movimiento artístico que rompe con la perspectiva tradicional renacentista, con una perspectiva múltiple donde imperan las formas geométricas. Estamos hablando de Pablo Picasso, quien nació en Málaga, España, un día como hoy de 1881.

Picasso es considerado uno de los mayores pintores del siglo XX. Sus biógrafos relatan que tenía dos características principales: era laborioso y prolífico. Y esto se ve reflejado en su legado: pintó más de dos mil obras.

Sin duda, "Guernica" es su cuadro más famoso. Su nombre alude al bombardeo a Guernica, ocurrido el 26 de abril de 1937, en el marco de la Guerra Civil Española. Por esto, la obra refleja sin tapujos los terribles sufrimientos que un conflicto bélico impone a los seres humanos, y es considerado un símbolo de los horrores de la guerra.

¿No te parece que en la noche de la huida de Egipto, el pueblo de Israel también habrá sentido desencanto y pánico? Miedo por el éxodo, inseguridad por abandonar la zona de Confort -más allá de que en ella eran esclavos-, incertidumbre ante el porvenir. Y, como si eso fuera poco, la inminente recorrida del ángel que quitaría la vida a todos los primogénitos. Si Picasso hubiera podido plasmar en un cuadro lo ocurrido aquella noche, también sería el vivo retrato del sufrimiento humano.

Esa noche, había una esperanza: la sangre del cordero en los marcos de las puertas. Sangre que prefiguraba a Jesús, quien puede quitar tu pecado y darte la vida.

Hoy puede ser un día histórico si reclamas el perdón ofrecido gracias a su sangre y te liberas de la angustia del pecado.

"No importa quiénes seáis, o qué haya sido vuestra vida, solo podéis ser salvos de acuerdo con el método señalado por Dios. [...] Debéis sentir necesidad de un médico y del único remedio para el pecado: La sangre de Cristo. [...] La sangre de Cristo solo tendrá valor para los que sientan necesidad de su poder purificador" (Elena de White, Maranata: el Señor viene, p. 71). PA


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