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Buscar un matillo, encontrar un tesoro

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"El reino del cielo es como un tesoro escondido que un hombre descubrió en un campo" (Mateo 13:44, NTV).

Yo que siempre pensé que esos aparatos solo servían para perder el tiempo. Aparecen al atardecer en la Zona de playas, principalmente. Son como una especie de cortadora de césped manual Van barriendo el terreno cuidadosamente, dividido en secciones. Repentinamente, el aparato emite una alarma de que encontró algo metálico. Su operado, entusiasmado, filtra la arena del lugar. Tras varios intentos, descubre que era un trozo de una cuchara. Sin inmutarse ni desanimarse, sigue avanzando con su detector de metales. Y así son capaces de recorrer kilómetros, solo para encontrar unas cuantas monedas y algo de bisutería sin valor.

Ese 16 de noviembre de 1992, el granjero inglés Peter Whatling y su compañero Eric Lawes, jardinero y buscador de metales aficionado, poco sospechaban que buscando el martillo que se le había perdido a Whatling cuando trabajaba, encontrarían un tesoro real. Mientras recorrían el campo con su detector de metales, Lawes descubrió cucharas de plata, joyas de oro y numerosas monedas de oro y de plata. Lamentablemente, el campo no pertenecía al granjero, lo alquilaba a la municipalidad. Inmediatamente, avisaron a la policía, sin buscar más objetos.

Al día siguiente, un equipo de arqueólogos excavó en el sitio. Recuperaron todo el tesoro en un día, con ayuda de detectores de metales… Y también encontraron el martillo de Whatling, que fue donado al Museo Británico.

Descubrieron el tesoro de Hoxne, el mayor tesoro de oro y plata de la Antigua Roma descubierto en Gran Bretaña, y la mayor colección de monedas de oro y plata de los siglos IV y V del Imperio Romano. Consta de 14865 monedas romanas de oro, plata y bronce de finales del siglo IV y principios del V, así como 200 piezas de vajilla de plata y joyas de oro. Son conservados en el Museo Británico en Londres, donde una parte del tesoro se encuentra en exhibición permanente. En 1993, los especialistas lo tasaron en 1.75 millones de libras.

En la parábola del tesoro escondido, sucedió algo similar: un hombre encuentra un tesoro en un campo; pero decide callar acerca del descubrimiento. Vende todo lo que tiene y compra el campo. A continuación, aparece una parábola semejante: la de un comerciante que encuentra una perla de gran valor. Vende todas sus posesiones y compra esa perla.

Así sucede cuando descubrimos a Cristo. Todo lo demás, aun riquezas y fama, queda olvidado. Nada se compara con Cristo. Hoy, deja a un lado todo lo que atesoras, para recibir a Cristo. No sea que, aferrándote a chucherías, pierdas el real tesoro eterno. MB


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