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Leviatán

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"¿Puedes capturar al Leviatán con un anzuelo o poner un lazo alrededor de su quijada?" (Job 41:1, NTV).

Ese 20 de noviembre de 1820, un inmenso cachalote de ochenta toneladas atacó el Essex, barco ballenero de Massachusetts, al sur de Chile. Tras ser hundidos por el cetáceo, los tripulantes vagaron por el océano Pacífico hasta la isla Henderson. Noventa y un días después, fueron rescatados y desembarcados en Valparaíso, Chile. Dos de los ocho supervivientes relataron el suceso.

Los especialistas afirman que Herman Melville se inspiró en este hecho -o al menos en parte- para escribir la famosa novela Moby Dick. Esta narra la travesía del barco ballenero Pequod, comandado por el capitán Ahab, en la obsesiva y autodestructiva persecución de una gran ballena blanca (cachalote), que había ganado fama de causar estragos a todos y cada uno de los balleneros que, osada o imprudentemente, habían intentado darle caza, según el relato, Moby Dick había privado a Ahab, de su pierna durante un ataque a su ballenero.

Los cachalotes han sido relacionados frecuentemente con el leviatán, que aparece varias veces en el Antiguo Testamento. Más allá de la mención en el libro de Job, este monstruo marino parece tener connotaciones simbólicas que lo relacionarían con Satanás, los demonios o el caos: "Dividiste el mar con tu fuerza y les rompiste la cabeza a los monstruos marinos. Aplastaste las cabezas del Leviatán y dejaste que se lo comieran los animales del desierto” (Sal. 74:13, 14, NTV). Es más, en el satanismo, se dice que el Leviatán es uno de los cuatro príncipes del infierno, junto a Satán (Satanás), Lucifer y Belial (según "la biblia Satánica” de Anton Szandor LaVey).

Para el judaísmo, por otro lado, el leviatán es, sencillamente, un monstruo gigante con el que Dios se entretiene, y se basan en otro texto bíblico: "Allí navegan las grandes naves; allí está Leviatán, que creaste para jugar con él" (Sal. 104:26, RVC). Según esta interpretación, el leviatán no sería antagónico al ser humano ni a Dios; simplemente, una inofensiva criatura de Dios.

Lo que pareciera un conflicto interpretativo, nos lleva hacia la cosmovisión bíblica del pecado como generador de conflicto, que interrumpe la paz y la armonía. Produjo el conflicto inicial entre Cristo y Satanás, y se trasladó al mundo y se infiltró en cada centímetro de la creación divina. El pecado generó enemistad no solo entre los seguidores de Dios y de Satanás, sino también entre el mismo hombre y toda la creación.

Hoy, mientras esperamos la resolución definitiva de ese conflicto, necesitamos seguir resistiendo a la "serpiente antigua", que ya recibió su golpe mortal en la cruz. Pronto, el pecado será nada más que un mal recuerdo. MB


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