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Más que monos

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“En el principio Dios creó los cielos y la tierra" (Génesis 1:1, NTV).

Es conocido como uno de los fraudes más grandes de la historia de la paleoantropología. Fue considerado casi un "credo” científico durante 45 años hasta que, el 21 de noviembre de 1953, el Museo de Historia Natural de Londres anunció que el famoso cráneo del "Hombre de Piltdown" había sido falsificado para forzar conclusiones en favor de la evolución.

La historia de este engaño comenzó, y se basó, sobre unos restos óseos -en concreto, un cráneo parcial, un diente suelto y una mandíbula con dientes-, descubiertos en Inglaterra en 1912, en Piltdown, un pueblo de Sussex. Un obrero los encontró en una cantera, y los entregó al arqueólogo aficionado Charles Dawson, que los presentó, junto con el eminente paleontólogo Smith Woodward, del Museo Británico, en la Sociedad Geológica de Londres. Estos restos fueron aceptados por la comunidad científica como el eslabón perdido entre simios y hombres, sin mayores análisis, principalmente debido a que era perfecto e idéntico a la idea de aquella época sobre el eslabón perdido.

No obstante, surgieron cada vez más dudas sobre la antigüedad y el origen de esos restos. Finalmente, el dentista A.T. Marston determinó que la mandíbula de ese esqueleto correspondía a un orangután, el diente suelto a un mono y el cráneo a un homínido (Homo sapiens). Desde entonces, los análisis del contenido en flúor de los huesos demostraron que el enterramiento había sido intrusivo, así como que el color ferruginoso oscuro de los huesos se debía a un tratamiento químico para uniformar las diferencias de color entre la mandíbula (más moderna) y el cráneo (más antiguo).

Se desconoce cabalmente quién cometió el fraude, aunque muchos lo atribuyen a Telhard de Chardin, promotor de la evolución teísta, que afirma que Dios creó al ser humano a partir de organismos primigenios que evolucionaron hasta llegar a ser hombre. Hoy, la mayoría de la cristiandad considera que la Creación divina y el evolucionismo son compatibles.

Si se aceptara que Dios utilizó el proceso evolutivo como mecanismo de creación del hombre, habría que aceptar que la muerte de millones de organismos y animales precedió a la aparición del hombre. Estaríamos ante la paradoja de que no solo la muerte apareció antes que el pecado (cuando la Biblia afirma que la muerte es en realidad consecuencia del pecado), sino también que Dios utilizó la muerte y la "ley de la selva" como mecanismo creado, algo que va en contra de su carácter.

Hoy, acepta que somos hechura especial de Dios, creados a su imagen y semejanza. Eso traerá certeza y autoestima real a tu existencia. MB


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