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Más potente que la dinamita

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"No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree” (Romanos 1:16, RVC).

El 25 de noviembre de 1867, Alfred Nobel patentaba la dinamita, explosivo muy potente compuesto por nitroglicerina. La nitroglicerina es una sustancia líquida explosiva a temperatura ambiente y muy inestable que, al ser absorbida en un medio sólido, se convierte en un explosivo más estable.

La palabra "dinamita" proviene del griego dunamis, que significa potencia, poder, movimiento. Alfred Nobel decidió dar el nombre de dinamita a su invento por su poder destructor, pensando precisamente en este verbo griego. Ahora bien, Romanos nos declara que el evangelio es dunamis, poder para salvar a todo aquel que cree. En este sentido, el evangelio es como dinamita, para hacer pedazos todos los muros y las cadenas de opresión del diablo; algo así como una verdadera arma de destrucción masiva contra el imperio del mal.

Romanos establece un orden de prioridades en nuestra batalla espiritual contra el mal. En la estrategia para rescatar a aquellos que están bajo el engaño satánico del pecado, el verdadero poder está en predicar el evangelio. Lo primero que debe reconocer alguien es que está irremediablemente perdido en el pecado, con ninguna posibilidad de escapar de la muerte a menos que acepte el sacrificio expiatorio de Cristo. No hay nada que podamos hacer por nosotros mismos para alcanzar la salvación, excepto decidir aceptarla.

Es hermoso saber que la salvación es completamente gratuita. Está a nuestra disposición sin que tengamos que hacer ningún sacrificio. Si admitimos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos y aceptamos a Cristo y su muerte en nuestro lugar, la salvación ya es nuestra. Por esta misma razón, afirma Pablo, él no se avergonzaba del evangelio. El evangelio puede sonar a los escépticos como una tontería o algo obsoleto. Pero la verdad es que el evangelio es la única oportunidad que tenemos de escapar de nuestro destino de muerte.

Testificar de Cristo en esta sociedad secularizada, y supuestamente "poscristiana", puede generar miedos e inseguridades. Sin embargo, no debemos desanimarnos ante semejante oposición; no debemos dejar que la vergüenza triunfe. El evangelio es poder, y el poder no es algo de lo que te avergüences. Sabemos lo que puede generar el mensaje de salvación en la vida de las personas. No dejemos que la vergüenza apague ese poder.

Hoy, conviértete en un "terrorista" del evangelio, haciendo "detonar" las Buenas Nuevas con poder. Lejos de quitar vidas, ¡estaremos salvándolas! MB


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