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Dios es bueno

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¿A quién me compararán e igualarán, me asemejarán y asimilarán?, Isaías 46: 5.

CIERTO PRIMER DÍA DEL AÑO, una amiga y yo decidimos ayunar y orar durante el resto del año. El Espíritu me hizo saber que debíamos orar por nuestras familias, amistades y compañeros de la universidad, así que aceptamos con alegría la idea. Esa primera mañana dimos una larga caminata en un lugar en el que nos parecía que solamente encontraríamos árboles y la belleza de la naturaleza: el cielo, el agradable canto de las aves y, de vez en cuando, el sonido de la lluvia a la distancia.

Poco después de que comenzamos nuestra sesión de oración, una nube negra cubrió el sol y escuchamos la lluvia. Mi amiga sugirió que iniciáramos una sesión de adoración, así que cantamos coritos de alabanza y pedimos a Dios que retirara la lluvia. ¡La retiró! Lo mismo sucedió en la segunda reunión que tuvimos para orar. Sin embargo, cuando escuchamos lluvia por tercera ocasión, parecía venir de todas direcciones. Cantamos corito tras corito pero la lluvia no dejó de acercarse. Alabamos aún más a Dios pero la lluvia continuó. Ahí mismo decidimos que no nos marcharíamos. Parecía que de todas maneras íbamos a mojarnos, así que pedimos a Dios que nos conservara secas porque no nos iríamos hasta haber orado por todos los nombres de nuestra lista. Para ese momento ya tocaba orar por nuestros familiares.

Oramos. Presentamos a nuestros familiares a Dios mientras el chaparrón se hacía más intenso. Nos habíamos levantado y orábamos de pie. Nuestros sacos de dormir estaban mojados, nuestras sábanas escurrían, teníamos el cabello húmedo, pero nuestra ropa y nuestros pies parecían estar secos. Terminamos de orar y partimos. Para no mencionar el milagro, permanecimos en silencio hasta que volvimos al dormitorio. Entonces exclamé:

-¿Te das cuenta de que Dios es bueno? ¡Este año tenemos que ponerlo más a prueba!

De inmediato el Espíritu me hizo entrar en razón, así que corregí:

-¡Perdón! ¡Quise decir que tenemos que poner más a prueba nuestra confianza en Dios! Él está dispuesto y listo para hacer cualquier cosa en beneficio nuestro.

Reímos agradecidas por lo que Dios nos había revelado, pues sabíamos lo que él nos había encargado para ese año: ponernos a prueba y confiar más en él. ¿Aceptas el reto?

Nadine A. Joseph


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