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La serpiente furiosa

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El salario del pecado es la muerte, mientras que el don que Dios nos hace es la vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro, Romanos 6: 23.

¡DEFINITIVAMENTE, las serpientes no son mis criaturas favoritas! Muchas son venenosas y no ofrecen más que enfermedades y muerte. En Génesis 3, se nos dice que de todos los animales que Dios hizo, la serpiente voladora era la más hermosa e inteligente. Satanás utilizó a esa criatura para engañar a Eva y en consecuencia, se le dio una condición menor a la del resto de los animales; tendría que arrastrarse y comer polvo. Hacia el final del capítulo se hace referencia a Satanás, que como una serpiente que muerde, intentaría destruir el mundo. Pero luego vino el antídoto más maravilloso y poderoso: nuestro Salvador, que sacrificó su propia vida para salvar a quienes lo aman y así, aplastó a la serpiente para siempre.

En el desierto, cuando Dios retiró las restricciones que había puesto a las serpientes venenosas, los israelitas quejumbrosos pronto conocieron las mordidas y la muerte (Números 21). Su única esperanza fue levantar los ojos para ver una serpiente de bronce que hizo Moisés por orden del Señor Quienes confiaron y miraron, se sanaron. Los que se rehusaron, murieron. Dios es siempre el que da la vida. Es todopoderoso y Satanás no puede oponérsele.

Durante el 2006, mi esposo Keith y yo viajamos por el noreste de Australia. Vimos muchas serpientes en el camino y algunas muy venenosas en exhibición. Una noche, hospedados con unos amigos en las montañas, salía su terraza para bajar la escalinata. Ahí descubría una enorme pitón enroscada en el barandal. Su largo cuerpo tenía unas marcas preciosas y yo sabía que si una deja en paz a esas serpientes, son muy pacíficas. Sin embargo, no esperé para llamar a alguien. Desafortunadamente, el perro de la familia también apareció y la serpiente se enojó. Se encaramó e intentó morder al can una y otra vez, faltó poco para que lo lograra.

Que no te engañe la sutileza de Satanás; también se da la vuelta para atacar como una serpiente furiosa. Pero falta poco para que Jesús regrese y lo destruya para siempre.

Solamente por medio de Cristo podemos protegernos de la mordida de la serpiente. Si ya te mordió, busca el perdón divino ahora mismo y sánate. Ora para que vivas victoriosa y agradece el don de la vida y la salvación.

Lyn Welk Sandy


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