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Mila y Nini

Matutina para Android

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De lejos se le mostró el Señor. Te quise con amor eterno, por eso he prolongado mi favor, Proverbios 31: 3.

EN LA PEQUEÑA GRANJA donde crecí, a mi padre siempre le gustó tener animales. Desde que tuve uso de razón, recuerdo que teníamos mascotas: perros, gatos, pericos, monos, tortugas, loros, macacos, gallinas, un toro y hasta un chivo.

Después de casarse, mi hermana Nini detestó estar sola. Durante un período de tiempo su esposo tomó un curso para ingresar a la universidad, así que tenía clases todo el día. La soledad de mi hermana aumentó, así que decidieron comprar un perrito para que la acompañara.

Un viernes por la tarde comenzó la búsqueda del cachorro. De vez en cuando Nini me llamaba para avisarme cómo iba. A las cuatro y media de la tarde mi hermana me informó que compraría una perrita. Una Bichon Frisé a la que pronto llamaron Mila. Supe que esta raza tiene la característica de ser dócil en extremo. Fui a casa de mi hermana con mi cámara, ansiosa de conocer a su nueva adquisición. En cuanto llegué, tomé a la cachorrita en mis brazos. Era blanca, suave y pequeña. ¡Me sentí feliz! Fue un día lleno de alegría.

Al día siguiente, la casa de Nini le pareció menos vacía. Mi hermana tenía una compañera dormilona y traviesa. A veces Mila descansaba, al parecer exhausta, en el piso de la sala. Si Nini tenía que ir a la cocina, Mila trotaba junto a ella con ojos pesados. Quería estar cerca de su nueva dueña.

El día después de que compraron a Mila, desperté pensando en ella. ¡Era una criatura adorable! Entonces consideré mi vida espiritual. Quise conocer a la cachorrita el mismo día que mi hermana la compró. No pensé en otra cosa en todo el día. Así que me pregunté si cada mañana me emocionaba averiguar lo que Dios me tenía preparado para el resto del día. ¿Prestaba atención a lo que me decía? ¿Iba a donde me indicara, aunque tuviera los ojos pesados por el sueño? ¿Era tan fiel a Dios como Mila a su dueña?

Oro para que podamos amar, cuando nos aman -para corresponder bien- y hasta cuando no nos aman, con todas nuestras fuerzas.

Iani Días Lauer-Leite


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