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El cuidado amoroso de un padre

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Como un padre quiere a sus hijos, el Señor quiere a sus fieles. Conoce cuál es nuestro origen, recuerda que somos polvo, Salmos 103: 13, 14.

HICIMOS MUCHOS AJUSTES durante nuestros primeros meses en Penang, Malasia. Uno, fue a causa del pésimo cableado eléctrico del edificio. La mayoría de las casas no tenían instalación para secadoras de ropa, así que la nuestra funcionaba durante dos minutos, se sobrecalentaba y hacía saltar el interruptor de la caja eléctrica, así que yo debía encender la caja y reiniciar la secadora, varias veces. Me tomaba un par de horas secar una carga de ropa.

Un día estaba resfriada y me sentía abrumada. Miré al cielo y dije: «Señor, ¿podrías enviar a un ángel que tenga el dedo bajo el interruptor para que pueda secar una carga de ropa? Creo que ya estoy harta».

Sé lo que piensas. No debemos dar órdenes a Dios y tienes razón. Pero por gracia, él recuerda que somos polvo (lee Salmos 103:14) y a veces interviene cuando la vida senos acumula demasiado. Después de orar, encendí el interruptor. Para mi asombrado deleite, la secadora no se apagó y toda la carga quedó seca. «¡Gracias, Señor!», exclamé.

Al día siguiente volvía orar y de nuevo, la secadora, que nunca había permanecido encendida más de dos minutos, funcionó hasta secar la ropa. Durante tres semanas el Señor mantuvo encendida la secadora.

Un día comenté esa experiencia a una amiga, gozosa por la provisión divina. Satanás entonces me susurró: «Quizá sea una coincidencia, ya que la secadora no ha hecho saltar el interruptor en tres semanas». Comencé a dudar y más tarde, ese día, mientras lavaba una carga de ropa, la lavadora hizo saltar el interruptor, lo que nunca había sucedido antes. Me di cuenta de mi error y rogué a Dios que me perdonara. ¿Cómo pude escuchar sugerencias dudosas?

Una semana después, un electricista fue a cambiar el cableado de nuestro cuarto de servicio. Durante todo ese mes, el único día en que falló el interruptor fue el día en que dudé.

Qué Padre tan amoroso tenemos, que pronto satisface nuestras necesidades. Qué maravilloso es al enseñarnos pacientemente a confiar en él. Si responde una oración tan insignificante para recordarnos que le interesamos, ¡cuánto más satisfará nuestros ansiosos corazones cuando lo busquemos!

Teresa (Proctor) Hebard


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