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Con o sin oración

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Les dejo la paz, mi paz se la doy. Una paz que no es la que el mundo da. No vivan angustiados ni tengan miedo, Juan 14: 27.

UNA HEMORRAGIA nos obligó a ingresar a nuestro hijo a un hospital de San Pablo. Después de cinco días de sufrimiento, quedó al descubierto la causa del sangrado: había reventado una arteria del intestino delgado. Ya debilitado, Wesley ni siquiera podía ponerse en pie; estaba muy preocupado. Su padre y yo no nos separamos de su lado en algún momento. Sufrimos con él en los pasillos del hospital. Recibía el debido tratamiento pero queríamos que la situación se solucionara con rapidez. ¡Que la hemorragia se detuviera! Le hicieron una transfusión y lo llevaron a cuidados intensivos. La salud de nuestro hijo estaba en manos de Dios y sabíamos que muchos miembros de nuestra iglesia oraban por él. Que sufriera ante nosotros dolió mucho, sobre todo porque nada podíamos hacer.

Comencé a preguntarme si el hospital tenía los recursos suficientes para curarlo. Cuando interrogué al médico, me aseguró que el hospital estaba bien equipado; sin embargo, la respuesta no me convenció. Mi familia, deseosa de ayudar, había preparado su traslado a un hospital más conocido. Pero la decisión final, la tomaría yo.

Recordé que mis hijos habían nacido en el hospital donde estaba internado. Me habían operado allí varias veces. De hecho, en ese hospital todo se hacía mediante la oración.

¡Qué decisión tan difícil! ¿Llevar a nuestro hijo a otro hospital con mejores recursos pero carente de oración, o quedarnos en ese modesto hospital donde la oración era un elemento infaltable? ¿Cómo podía decidir?

Frustrada, pensé: «¡Cómo me gustaría que Dios bajara y me dijera qué hacer! ¡No quiero equivocarme! ¡Dios, quiero que se haga tu voluntad!». En ese momento escuché su voz decirme: «Desistan y sepan que soy Dios».

¡Sentí mucha paz! No tenía duda de que mi hijo estaba en manos de Dios, al cuidado de médicos que él había aprobado. ¡Nada de trasladarlo! El doctor operó a mi hijo con éxito al día siguiente. Hoy está muy saludable y es licenciado en Derecho. Tiene un buen empleo y tiene planes para casarse. Lo más importante es que es feliz en Cristo.

Coloca tus dudas, temores y preocupaciones en las manos de Dios. Siempre le interesas.

Elza C. dos Santos


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