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La pintura perfecta

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Vi también bajar del cielo la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Venía de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo, Apocalipsis 21: 2.

HABÍA PINTADO UNA ACUARELA desde hacía más de una hora. Suspiré con alegría. Estaba en uno de mis mejores momentos creativos y había logrado una pintura hermosa: un brillante día soleado en cálidos matices de dorado; un cielo despejado azul con parches de nubes blancas; altos y robustos árboles frente a un grupo de montañas grisáceas; una pequeña casa blanca a orillas de un lago plateado… Los colores irradiaban paz y calidez.

Cuando me levanté para contemplar la pintura desde la distancia, mi pie se atoró con la pata de la mesa y tropecé. Algo se cayó. Cuando recuperé el equilibrio, miré la pintura y quedé pasmada. El vaso de agua que había usado se había derramado sobre el lienzo, convirtiendo el paisaje en manchones sin forma. Nada podía hacer para reparar el daño.

En el principio, el gran Artista se sentó a crear un mundo. Hizo una pintura perfecta que irradiaba su amor, reflejaba su imagen. Luego hubo un incidente. Satanás dejó caer el vaso del pecado sobre la creación perfecta. Toda la obra quedó mancillada. A medida que el pecado se esparció a través de las épocas, el Creador apenas pudo reconocer su propio arte. No veía algo que reflejara su amor. Tuvo que enviar a su Hijo a reparar el daño.

Los medios de comunicación abundan con noticias escalofriantes: inundaciones, sequías, tormentas, terremotos, epidemias, destrucción. El mundo apesta a violencia y crímenes, engaños y destrucción. Las naciones van a la guerra en busca de la paz; los extremistas recurren al terrorismo para complacer a Dios; hay un frenesí caótico para no perder la cordura. La pintura perfecta está arruinada.

¿Qué pueden hacer las cristianas ordinarias como nosotras?

Primero, conservar la calma. Dios quiere que confiemos en él y sepamos que entre todo este caos esperado, él sigue al mando. Segundo, estudiar la Biblia y orar sin cesar. Ahora es más relevante que nunca. Tercero, pensar a largo plazo. Tenemos una bendita esperanza. Aunque la pintura está muy lejos de ser perfecta, nuestro Creador tiene un plan. Habrá una tierra nueva que jamás será destruida. Brillarán colores de amor y alegría. En algún lugar al centro de todo estaremos tú y yo, nuevas criaturas, con nuestro Padre.

Vinita Gaikwad


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