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Cristo es nuestro amigo

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Nunca te abandonaré; jamás te dejaré solo, Hebreos 13: 5.

CUANDO MI NIETA ASHILEY TENÍA DIEZ AÑOS, jugaba en el patio con su perra Lacey, una Cocker dorada muy amigable. Ashley vestía a Lacey y como toque final, le puso un listón para el cabello en una de sus patas delanteras. Cuando llamamos a Ashley a cenar, desvistió a Lacey y corrió a la casa.

Unos días después, cuando saqué a Lacey, noté que cojeaba. Cuando la hice entrar otra vez, andaba en tres patas. Descubrí que su pata estaba tres veces más hinchada de lo que debía. Al inspeccionar con más atención, vi el listón que le había dejado Ashley. Tuve que cortarlo pero la pata se veía muy mal, así que llevamos a la perra al veterinario. Después de unos exámenes y tratamiento, debíamos esperara ver si tendrían que amputarla.

Ashley se sintió muy mal después de enterarse de lo que había hecho. Inmediatamente escribió una oración para pedir ayuda a Cristo: «Querido Jesús, te quiero mucho y quiero orar por Lacey. ¡Por favor no dejes que le corten la pata! Algunas veces le hago caso al pecado. No me gusta, así que, Señor, ¿puedes ayudarme a escucharte a ti? ¡Así el pecado ya no me dirá que lastime a nadie! Quiero a los demás y a todos los animales, pero te quiero más a ti. Jesús, ¿me perdonas por haberle puesto el listón a Lacey? Hoy he estado triste. Jesús, prometo no volverlo a hacer. ¡Por favor, salva la pata de Lacey! Con cariño, Ashley Anne Nelson, tu ovejita».

¿No te alegra saber que Cristo es tan comprensivo con todos nuestros errores y metidas de pata de la vida?

Después de que Lacey estuvo en casa otra vez, Ashley volvió a orar: «Jesús, gracias por perdonarme hoy. ¡Gracias porque Lacey no perdió su pata! Por favor dale salud. Con cariño, Ashley».

Sintamos gratitud de tener un Dios grande y misericordioso. Siempre es compasivo. Siempre nos perdona. Siempre está atento y responde nuestras oraciones. Dice que sí, dice que no, a veces que es necesario esperar. Sin embargo, siempre responde todas nuestras oraciones.

«Amado Señor, gracias por tu amorosa gentileza y por curar a Lacey.»

Anne Elaine Nelson


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