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¿Adónde se fueron?

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Aunque se desmorone esta tienda corporal que nos sirve de morada terrestre, Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas. Y suspiramos anhelando ser sobrevestidos de esa nuestra morada celestial, 2 Corintios 5: 1, 2.

¡ABRÍ EL CORREO para descubrir la carta que esperaba! ¡La quincuagésima reunión de exalumnos de mi preparatoria se realizaría en junio! Hacía poco que había visto fotografías de tres personas que conocí en mi adolescencia. «¡Vaya, han envejecido!», pensé. De inmediato me di cuenta de lo tonta que resultaba mi observación. Me miro al espejo cada mañana, pero por fortuna la vejez llega poco a poco. Así que, a pesar de mis arrugas, me preparé para ir a la reunión. Los edificios del campus se parecían muy poco a como habían sido en mi época, sin embargo, tras haberlos visitado varias veces, yo tenía nuevos recuerdos y un deseo de estar en la tierra nueva con mis amigos, ¡donde disfrutaremos los indescriptibles pasatiempos que el Señor nos tiene preparados!

También recibí un sobre que contenía reseñas de vida de varios de mis excompañeros. Me pidieron que escribiera una página en 15 de los textos para incluirla en un libro conmemorativo que se preparaba para la reunión. ¡Fue muy interesante leer cada reseña! Hablaban de la universidad, hijos, viajes, nietos y también momentos difíciles. Sentí que cada relato era similar a una colcha de parches: algunos preciosos parches con listones, quizás por nacimientos y bodas. Algunos de franela, por la llegada de los niños. Algo de color plateado, por los aniversarios de bodas. Claro, también algunos parches dolorosos y ásperos.

Mientras que son un recordatorio de que ha transcurrido un año o década, las reuniones son una bendición. Estudiar en un internado cristiano fue una de las grandes experiencias de mi vida. Me encantaron el lugar, los jóvenes, los recuerdos, todo; salvo la comida. Pero me di cuenta de que habría algo de tristeza en el campus. Algunos de mis amigos habían enviudado; otros tenían problemas de salud. Pero disfrutaríamos vernos de nuevo. ¡Repasé mis viejos anuarios para recordar nombres y rostros, con la esperanza de reconocer a mis amigos!

Sí, todos añadiremos parches a nuestras colchas personales mientras vivamos y luego descansaremos hasta que Cristo nos llame por nombre. Pero durante la eternidad disfrutaremos nuestros cuerpos y mentes juveniles. Celebraremos nuestro nuevo hogar, donde jamás envejeceremos. ¡Acompáñanos, donde todos seremos jóvenes otra vez!

Rose Otis


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