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Dos veces niña

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Enséñanos a contar nuestros días y tendremos así un corazón sabio, Salmos 90: 12.

DURANTE AÑOS había anticipado el día que finalmente abandonara el mundo laboral para jubilarme, Planeaba hacer todo lo que quisiera, cuando quisiera. Tenía planes para mi vida espiritual. Atender las reuniones de media semana e involucrarme más en las actividades de la iglesia. Hacer cosas que no había podido mientras tuve un empleo de tiempo completo, además de ser ama de casa.

¡Qué sorpresa me esperaba! Como diez años antes de mi jubilación, mi madre se mudó a vivir conmigo, pues le fallaba la vista debido a su glaucoma. Luego empezó a tener otros problemas. Comenzó a acusar a sus distintas cuidadoras de haberle robado cualquier cosa que no podía encontrar; no recordaba dónde las había puesto. Después comenzó a sufrir una alucinación específica que duró años. Pensé que su imaginación le jugaba malas pasadas. No me di cuenta de la situación. Hoy está totalmente ciega, siguen las acusaciones, padece episodios de confusión y alucinaciones, hay más pérdida de memoria, todo a un ritmo cada vez más veloz durante los 18 meses que ha durado mi jubilación. Al final, me enfrento al hecho de que mi madre tiene Alzheimer.

Ahora tengo un trabajo de tiempo completo diferente, pues superviso a su cuidadora de medio tiempo, a la que a veces maltrata. Ayudo a bañarla y vestirla y preparar sus comidas. Tengo que procesar sus quejas médicas, decidir cuáles son genuinas y conseguir el tratamiento adecuado. Reorganicé mi casa para que sea segura para ella. Todo eso lo hizo por mí cuando yo nací. Tengo que planear bien antes de llevarla a algún sitio. ¿Habrá escaleras? ¿Buen lugar de estacionamiento? Mi vida perdió la espontaneidad.

Siento mucho dolor al ver a la madre que amo dar una regresión física y mental. Dolor cuando yo también recibo los maltratos de una mente confundida. Dolor cuando pienso: «Así podría estar yo en algunos años. ¿Alguien querrá cuidarme?». Dolor cuando a veces me siento sola en mi situación. Dolor porque si acudo a Dios, la respuesta podría ser demasiado terminante. Dolor cuando «amigas de Job» me hacen sentir culpable porque siento dolor.

Oremos hoy por los cuidadores de ancianos. Oremos para que podamos aprender a adaptarnos y obtengamos el apoyo que merecemos de la familia y necesitamos de las amistades.

Cecelia Grant


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