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Ser como un lápiz

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Todo lo que esté a tu alcance, hazlo con todas tus fuerzas, Eclesiastés 9: 10.

EN 1945, cuando comencé a ir a la escuela, usábamos gises y pizarras aquí en Sudáfrica. Las pizarras rectangulares tenían marcos de madera. Al año siguiente usamos lápices. ¡No más raspar pizarra!

Ahora con el nuevo mobiliario, los alumnos nos sentábamos en escritorios de madera y sobre cada escritorio, al lado derecho, había un agujero circular en el cual se colocaba el tintero. Para escribir, usábamos puntas sujetas a palillos de madera que mojábamos con tinta negra. Era una labor sucia y necesitábamos papel secante para disminuir los manchones. Tiempo después, pudimos usar nuestras propias plumas fuente con radiante tinta azul. Eso fue mucho mejor y más limpio. Luego se inventaron los bolígrafos cuya tinta no se podía borrar.

Han cambiado los tiempos y la tecnología ha avanzado, pero recuerdo esos años y todavía me gusta usar un lápiz con borrador, porque cuando me equivoco, puedo borrar el error con facilidad.

Podemos aprender algunas lecciones del lápiz de grafito que se aplican a nuestras vidas espirituales. Somos inútiles a menos que Alguien nos use y sostenga. El Maestro artesano quiere que seamos de lo mejor, que llevemos un mensaje de esperanza y amor al mundo. Pero solamente sucederá si permitimos que nos tome en sus manos. Como nos equivocamos, él que nos sostiene con firmeza puede borrar los errores. No podemos funcionar con efectividad a menos que tengamos el grafito del Espíritu Santo en nuestro interior. Nuestro tamaño, edad o color de piel, es decir, lo exterior, no importa. Lo más importante siempre será lo interior.

El proceso para sacarnos punta es doloroso pero necesario, para que seamos efectivos y escribamos un mensaje claro. Todos enfrentamos desafíos en nuestras vidas pero esas experiencias pueden convertirnos en personas más fuertes en Jesucristo. Sin importar nuestras circunstancias, siempre debemos dejar una marca, una influencia positiva, en quienes nos rodean, a pesar de las dificultades.

Todos somos como lápices. Nos hizo el Creador con un propósito único y especial. Procedamos con el propósito importante de hacer grandes obras para Dios.

Priscilla Adonis


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