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Creo en milagros

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¡Bendito sea el Señor que me demostró su amor en momentos de angustia!, Salmos 31: 21.

HACE UN TIEMPO me llamaron de la Asociación de Albuquerque para preguntarme si podría encontrar los nombres y las fotos de los presidentes de la Asociación desde 1906. No fue difícil encontrar los nombres; las fotos, sí, sobre todo de los primeros. Después de una extensa investigación encontré todas menos la de A.J. Haysmer, 1918-1920. Como soy una persona insistente, me desagradó el fracaso. Me molestaba la idea de que hubiera un espacio en blanco en el calendario conmemorativo del centenario de la Asociación en 2006.

Consulté el directorio telefónico en Internet, con poca esperanza de tener éxito. Busqué el apellido Haysmer. Encontré 21 coincidencias. No creí que fuera demasiado llamar o escribir a 21 personas. Decidí llamar, pues resulta sencillo ignorar las cartas. Noté que 10 Haysmer eran de Míchigan vivían en el pueblo de Cadillac. Me pareció un buen punto de partida.

Marqué el primer número y contestó una grabación: «Lo sentimos, su imada no puede ser procesada como usted la marcó. Por favor verifique el número o llame a su operadora». Volvía marcar para asegurarme de que había mezclado los números. Mismo resultado. Marqué al segundo número y sonó ocupado. Cuando marqué el tercer número, contestó una mujer. Expliqué mi búsqueda y me pregunté si ella era pariente de A.J. Haysmer o conocía. Su familia no tenía parentesco con él pero ella había encontrado el nombre cuando había empezado a elaborar su árbol genealógico hacía 20 años. Pensó que era un adventista (ella era pentecostal). Dijo que ninguno de los otros Haysmer de Cadillac tenía ese pasatiempo, así que providencialmente llamé a la persona correcta.

Me ofreció repasar su árbol y volver a llamarme. Veinte minutos después me mandó por correo electrónico una foto de A.J. Haysmer y su familia. Al día siguiente me llamó de nuevo para decirme que su nombre era Albert James y había ido de misionero a Jamaica antes de mudarse a Alberta.

Algunos dirían que tuve suerte pero yo creo en milagros. «A Dios que, desplegando su poder sobre nosotros, es capaz de realizar todas las cosas comparablemente mejor de cuanto pensamos o pedimos, a él la gloria» Efesios 3: 20, 21).

Edith Fitch


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