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Gusanito de Jacob

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«Buscarás pero no encontrarás a la gente que te anda provocando; en nada quedarán, sin valor, todos los que te hacen la guerra. [...] No temas, gusanito de Jacob; no te angusties, cosita de Israel; te voy a auxiliar -oráculo del Señor-. Tu redentor es el Santo de Israel», Isaías 41: 12-14.

EL SOL MATUTINO HACÍA INSOPORTABLE EL DÍA y la criatura se arrastraba con dificultad sobre la dispareja banqueta. Sus movimientos indicaban que tenía prisa, como que buscaba refugio.

Observé el drama mientras esperaba el autobús de camino a la iglesia. ¿De dónde había salido el gusano? Se veía sucio y el polvo del concreto de la vieja banqueta se le pegaba. De vez en cuando se detenía, al parecer por el polvo; eso llamó mi atención. Frente al gusano estaba un ejército de hormigas muy ocupadas y me preocupó lo que podría suceder. Con sentimientos encontrados, no sabía si apoyar la victoria del gusano o si quería que lo vencieran las amenazadoras hormigas. Al final el gusano se desvió, como si hubiera sabido que su ruta previa lo conduciría a la perdición.

Comencé a pensar en las varias ocasiones en que muchas personas terminan en rutas peligrosas de la vida, se arrastran en el polvo del pecado y pierden tiempo al tratar de quitarse solas el polvo de sus corazones. Algunas personas se rinden, tal vez porque concentraron más su fuerza en quitarse el polvo que en dejar que Cristo se los quitara. Otras ni se dan cuenta de que están sucias y siguen, satisfechas con su mediocridad. Sea que estén contentas o no, siguen ignorando el poder que se les ofrece. Si tan solo creyeran; si tan solo pidieran.

Siempre habrá problemas mientras vivamos en este mundo hostil, y como esas peligrosas hormigas, hay cosas que pueden devorar nuestra paz y alegría. Siempre debemos buscar refugio en la Roca. Al sentir orgullo de nuestros logros o despreciarlos, nunca debemos olvidar que somos «gusanito de Jacob, cosita de Israel». ¿Qué seríamos sin Cristo? La única fórmula segura si queremos triunfar, es la misma: rendirnos totalmente a él. Este mundo no es nuestro hogar. Como ese indefenso gusano en medio de los peligros de la vida, queremos escapar del abrasador sol de este mundo. A veces el peligro nos acecha detrás de cosas en apariencia inocentes, lo que nos conduce a pensar en la importancia de aceptar la oferta del Señor: «Te voy a auxiliar».

Judete Soares de Andrade


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