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El ser humano concibe proyectos, lo que prevalece es la decisión del Señor, Proverbios 19: 21.

TENER EL ESTÓMAGO VACÍO y nada que hacer salvo sentarse a esperar durante ocho horas puede ser un martirio. Así estuve en un centro médico un día. Me desilusioné cuando me avisaron a las 10:00 a.m. que lo más pronto que alguien podría llevarme a mi casa sería hasta las 6:00 p.m. Aunque estaba muy frustrada, nada podía hacer excepto sentarme en la recepción, mirar la pared y esperar.

Luego entraron una mujer y tres niños. Fueron primero al puesto de seguridad, luego al cubículo de informes. Pasados 30 minutos comenzó una discusión y ella hasta lloró, pero sin éxito. Quería visitar a su madre enferma en uno de los pisos superiores pero no la dejaban subir con sus niños; tampoco podía dejarlos sin supervisión. Un letrero enorme decía: «Todos los niños deben estar bajo la supervisión de un adulto».

Tenían razón. No se permiten niños en la mayoría de las salas de cuidados intensivos y el centro médico es tan grande, que si descuidas a un niño o una niña, podría perderse o causar problemas. La mujer entendió por qué habían rechazado su solicitud. Sin embargo, se quedó con lágrimas en los ojos. Después de un recorrido de 65 kilómetros, no podría ver a su madre. Entonces desperté de mi trance y le dije que no se preocupara. Yo cuidaría a sus niños mientras ella visitaba a su mamá.

-¿Usted es un ángel o algo así?- preguntó ella. Luego me abrazó agradeció. Dijo a sus niños que se quedaran conmigo mientras ella visitaba a la abuela Jess. No les gustó quedarse pero acomodé a la bebé en mi regazo y les dije a los niños que se sentaran junto a mí a esperar. No fue fácil supervisar a los niños pero su madre volvió sonriente después de una hora, me agradeció y abrazó de nuevo, y luego nos despedimos.

Su alegría me hizo olvidar mi tristeza. Sentí simpatía por ella y su madre. Me sentí bien por haberla ayudado y me di cuenta de que tal vez Dios me hizo esperar ahí a propósito. ¿Ves cómo actúa él? Conoce el principio el final, y sabía que yo sería útil. Así que me dejó ahí a esperar a esa mujer en apuros. ¡Sí! Solamente para lograr que un rostro sonriera y calmar un corazón apesadumbrado. Oro para que yo siempre pueda ser útil a Dios.

Mabel Kwei


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