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¿Dónde está tu fe?

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La fe es garantía de las cosas que esperamos y certeza de las realidades que no vemos, Hebreos 11: 1. ¡Dichosos los que crean sin haber visto!, Juan 20: 29.

HE LEÍDO Y ESCUCHADO MUCHO DE LA PALABRA «FE». El Señor me ha dado muchas demostraciones para que entienda la fe en mi recorrido cristiano. Ha respondido positiva y admirablemente muchas de mis oraciones. ¿Por qué no puedo confiar en él sin contemplaciones todo el tiempo? ¿Por qué dudo de él, como los discípulos de antaño?

Nuestro hijo y su esposa habían recibido la bendición de tener dos adorables niñas. Antes de que la segunda cumpliera dos años, su mamá quedó embarazada otra vez. Cuando era tiempo de que el doctor determinara el género del bebé, fueron a que la examinaran. Volvieron encantados pues el ultrasonido indicaba que era niño. Dijeron a toda la familia que llegaría un nieto. Guardé silencio; pensé que quizás cuando llegara el día del parto, mi hijo y su esposa y todos lo demás, nos decepcionaríamos. Había escuchado muchas anécdotas de embarazos en los que estaba predicho el género del bebé y resultó que se había cometido un error. Así que en lo profundo de mi corazón oré que el anuncio del género de ese bebé no resultara falso.

Mi esposo y yo volamos a Dallas, Texas, para acompañar a nuestro hijo y su esposa mientras esperaban la llegada de nuestro noveno nieto. Teresa tenía todo preparado para un niño. La pareja hasta había elegido su nombre, Gavin Chadwick. Estaban completamente seguros de que era niño. Cuando llegó el momento, fuimos a la sala de partos. Gavin lloró con fuerza para anunciar que se había unido a la familia a salvo. ¡Qué alegría fue verlo!

Sentí vergüenza, porque hasta ese día yo había seguido pensando que tal vez nos decepcionaríamos. Me alegré de no haber dicho a la familia que albergué incredulidad aunque ya había visto el ultrasonido de Gavin. ¡Mujer de poca fe!

«Señor, sé que tener fe en la predicción de un médico, aunque útil, no es tan importante como tener fe en Jesucristo. Por favor ayúdame a tener la fe que me conduzca a tu reino celestial.»

Ofelia A. Pangan


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