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El Señor es mi pastor

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Esto dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré a mi rebaño y velaré por él, Ezequiel 24: 11.

MUCHAS VECES HE VISTO ESA IMAGEN DE JESÚS con una oveja sobre los hombros, con su vara de pastor mientras conduce a su rebaño. Nunca se me ocurrió la importancia de esa imagen hasta que alguien recientemente llamó mi atención hacia un detalle.

Según la historia, la razón de que Jesús cargue a esa oveja es que con frecuencia se alejaba del rebaño. Dicen que en otras épocas, cuando eso pasaba el pastor tenía que fracturar una de las piernas de la oveja para que ya no se alejara. Por eso el pastor cargaba a la oveja. Aunque doloroso, ese procedimiento evitaba que la oveja se pusiera en peligro, el pastor estaba más tranquilo y la oveja lejos de los peligros. A veces Cristo permite que la incomodidad de las pruebas y las tribulaciones me incapaciten para acercarme más a él mediante el ayuno, la oración y la confianza en su Palabra. Estas situaciones con frecuencia son dolorosas. La recuperación es paulatina. Él me devuelve al redil, me vigila y lleva en sus brazos durante el proceso.

Dios promete: «Del mismo modo que el pastor vela por sus ovejas cuando andan dispersas, así velaré yo por mis ovejas y las sacaré de todos los lugares por donde se habían dispersado en días de densa niebla» (Ezequiel 34:12).

Cuando me retiro en la noche él está presente. Cuando me despierto en la mañana, sigue ahí. Sin importar a dónde vaya, él prometió que jamás me abandonará. Sin importar tu situación actual, él también está contigo.

Cora A. Walker


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