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El Espíritu Santo traduce nuestras oraciones

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A pesar de que somos débiles, el Espíritu viene en nuestra ayuda; aunque no sabemos lo que nos conviene pedir, el Espíritu intercede por nosotros de manera misteriosa, Romanos 8: 26.

MI HIJO TZVETY casi tenía tres años pero todavía no aprendía a hablar. Pronunciaba algunos monosílabos que nada tenían que ver con los nombres verdaderos de las cosas cotidianas más esenciales. No me preocupé porque veía que era inteligente. Sin embargo, las otras madres en el parque nos observaban en secreto cuando jugábamos en silencio con sus carritos de juguete. Escuchaban sus ininteligibles gritos de alegría cuando pateaba la pelota y a veces decían: «¡Ah, todavía no habla!».

Un día, Tzvety y yo cavábamos un túnel en el arenero bajo el cálido sol primaveral. Había niños jugando por todos lados. Nos apresurábamos para que nuestras palitas se encontraran en el túnel.

-¡Tuss! -gritó Tzvety. Sus compañeritos lo miraron con sorpresa.

-¡Tuss! -insistió. ¿Qué quería?

Tomé nuestra mochila y saqué su botella de jugo mientras otras madres supervisaban lo que sucedía. «Tuss» significaba jugo. Me sentí orgullosa de ser la única que había entendido. Siempre había estado con él. Lo había acompañado mientras acuñaba algunas de sus palabras. ¡Cómo no iba a saber qué quería decir!

De repente pensé que lo mismo pasa en nuestra relación con Dios. Recordé el texto de hoy ¿Quién podría decir cuántas veces el Espíritu Santo ha «traducido» mis oraciones al lenguaje celestial? ¿Cuántas veces, así como Tzvety, he pedido a Dios muchas cosas pero mi condición humana ha sido demasiado inmadura e inadecuada? Mas el Espíritu Santo siempre ha entendido correctamente cuáles son mis necesidades, ocultas tras mis palabras inapropiadas que en general comunican algo muy diferente a lo que quería decir. Él sabe qué quiero decir no nada más porque es omnipresente y omnisciente; puesto que soy su hija, él ha estado desde siempre conmigo, escuchando cada palabra mía desde que nací. Debido a nuestra humanidad no sabemos por qué orar o cómo. Pero crecemos en fe y conocimiento y amistad con él; por eso nadie nos puede entender mejor. Así que puede ayudarnos con eficiencia.

¡Por cierto, Tzvety comenzó a hablar un mes después de cumplir tres años, y muy bien!

Pettya Nackova


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