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Contar la historia

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Yo bendigo al Señor en todo momento, su alabanza sin cesar está en mi boca. Todo mi ser se gloría en el Señor, Salmos 34: 1, 2.

TODOS TENEMOS UNA HISTORIA no solamente de una vida interesante, también de cómo nos ha guiado el Señor. Muchas personas esperan hasta la jubilación para escribir sus memorias, pero todas pueden escribir cómo el Señor las ha guiado.

Eso recordé cuando leí To Be Told, de Dan B. Allender. Ya me jubilé y censé en escribir sobre mi vida para mis hijos. Sin embargo, gracias al libro mi historia tomó un rumbo distinto, como se dice con frecuencia, «A lo ser que olvidemos lo que el Señor ha hecho». Algunos de nuestros recuerdos son vívidos momentos en que Dios nos guió, protegió y proveyó cara nosotros. Algunos los reconocemos después al pensar en una situación crisis. Otros los ignoraremos hasta que lleguemos al cielo.

Agradezco para siempre a Dios por ser tan importante en mi vida. Siempre me consideré abierta al Espíritu de Dios. Nacida en campo misionero criada en un hogar cristiano, he vivido en general en grandes comunidades cristianas. Sin embargo, mi madre no conservó la salud y tampoco siguió con mi padre, por ejemplo. Hubo un periodo de tres años durante el cual mis padres se separaron y divorciaron. Mi madre ingresó a una institución mental y mi padre volvió a casarse; conservó la custodia de mi hermana y la mía.

Algunas veces pienso en cómo pude terminar y me da escalofríos. A veces en mi vida tomé malas decisiones, pero el Señor con frecuencia me protegió de las consecuencias. En otras ocasiones sí tuve que sufrir consecuencias. «Aunque sean sus pecados tan rojos como la grana, blanquearán como la nieve» (Isaías 1: 18), gracias «a nuestro Dios, rico en perdón» Isaías 55: 7).

Al recordar, me doy cuenta de que Dios siempre estuvo disponible. Me sentí amada aun en épocas de separación y rechazo. ¿Tuve problemas que necesité superar? ¡Sí! No obstante, con la ayuda de Dios mi vida ha sido satisfactoria y concentrada en Cristo. Él me ha bendecido con familia y numerosas amistades.

He aprendido que Dios siempre es bueno. Ahora lo alabo cada que puedo mediante himnos o alabanzas leídas. Dicen que Dios habita nuestra alabanza y jamás está más cerca que cuando lo alabamos. Deseo estar cerca de Dios. ¿También tú?

Louise Driver


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