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El toque de Cristo

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Jesús le tocó la mano y se le desapareció la fiebre. Y ella se levantó y se puso a atenderlo, Mateo 8: 15.

ENTRE LOS PACIENTES que visité como capellana del hospital aquella mañana, encontré a un ministro cristiano miembro de mi denominación. De vacaciones con su familia, su automóvil había derrapado con un charco de aceite y hecho colisión con un camión. Su hija adoptiva no había sobrevivido, su esposa estaba internada en otro hospital con varias costillas fracturadas, y él tenía fracturas en su rostro y piernas. Comencé a visitarlo a diario, oramos y estudiamos juntos la Biblia.

Después de varias semanas de tratamiento, contrajo una infección por estafilococo y su doctor le informó que quizá tendría que prolongar su estadía en el hospital. Ahora, cuando lo visitaba, yo tenía que usar bata y cubrebocas. Se deprimió, un día lo encontré llorando. Había terminado de hablar con su hijo por teléfono y quería estar con su familia. Pero la fiebre no cedía. Tras escuchar sus preocupaciones, le conté que mi esposo también es ministro y, a veces, él tiene que escuchar a otras personas. Busqué Mateo 8: 14, 15 en la Biblia y leí la historia del sanamiento de la suegra de Pedro, que también padeció de fiebres hasta que Jesús la tocó, En ese momento exacto la fiebre desapareció y ella comenzó a atender al Señor.

Es tremendo el poder del toque, disminuye la ansiedad, genera esperanza y facilita la recuperación. Toqué la mano del pastor y oramos para que Cristo lo tocara y sanara, según su voluntad. A la siguiente mañana, llamé a la puerta de su cuarto y entré, ansiosa. Para mi alivio, encontré al ministro sonriente y libre de la fiebre. Me dijo que mientras orábamos, había sentido un escalofrío que le recorrió todo su cuerpo, y creyó que Jesús lo había sanado. Después de dos días adicionales de hospitalización, el ministro recibió su alta y pudo volver a su hogar.

Mucha gente en este mundo está enferma, desanimada, y sufre de fiebre espiritual. Necesitan con urgencia el toque sanador de Cristo para curarse de sus traumas, sus heridas internas pendientes o hasta sus pecados. Recuerda que la oración logra que la mano de Jesús se mueva, para tocar tu vida y fortalecerte física, psicológica y espiritualmente. Así podrás levantarte y servirle.

Ana María Calcidoni Käfler


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