Regresar

La maleta perdida

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Miren las aves que vuelan por el cielo: no siembran, ni cosechan, ni guardan en almacenes y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¡Pues ustedes valen mucho más que esas aves!, Mateo 6: 26.

¡RAYLENE! ¡Dejamos una maleta en el aeropuerto! -Mi esposo gritó muy exaltado. Sabía que no era broma. Acabábamos de regresar de dos horrorosas semanas en Estados Unidos y yo había esperado que llegar a nuestra casa, sanos y salvos, pusiera fin a un día muy estresante. Pero ahí estábamos y una de nuestras seis maletas se había quedado en el aeropuerto, a media hora de distancia sin tráfico. Después de decidir apresuradamente volver al aeropuerto, nuestra familia hizo un círculo y oró para que Dios cuidara nuestra maleta y nos ayudara a recuperarla.

Lo que nos complicó recuperarla fue que al llegar a Jamaica la etiqueta, con nuestros datos personales y el número de vuelo, se había desprendido. Así que nada en la maleta podía identificar a sus dueños.

No pudimos recuperar la maleta en ese primer viaje al aeropuerto, pero hubo muchas oraciones que de todos modos pidieron su sano retorno. El servicio a la comunidad envió anuncios por fax a dos estaciones de radio, para que solicitaran la devolución de la maleta, le contamos el asunto a varios parientes y amigos. Todos prometieron orar por nosotros para que recuperáramos la maleta perdida. Parecía que no podíamos hacer más.

El sábado siguiente a nuestra llegada y la pérdida de la maleta, sentimos la impresión de que debíamos ir al aeropuerto a buscar otra vez. No habíamos recibido llamadas o noticias pero después de un encantador servicio en la iglesia y una buena comida, entramos al auto y fuimos a Kingston.

Nuestra primera parada fue la estación de policía del aeropuerto. No había maletas perdidas. Decepcionada pero con algunas esperanzas, estaba a punto de dirigirme a la sección de objetos perdidos cuando una voz dijo: «Pregunte en el mostrador de equipaje retrasado de la aerolínea». ¡Cuando llegué al sitio ahí estaba la maleta!

¡Alabado sea el Señor, a quien le importamos tanto que nada le cuesta dirigir una maleta a su destino! Le importan hasta los detalles pequeños. Salimos del aeropuerto esa tarde con la fe renovada y seguros de que siempre podemos confiar en Dios.

Raylene Ross


Envía tus saludos a:
No Disponible