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Ya no estaba

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No está aquí, pues ha resucitado, tal como anunció. Vengan y vean el lugar donde lo habían puesto, Mateo 28: 6.

ERA UN VIERNES como cualquier otro y aunque era su día libre, Nadine fue a trabajar para estar en una reunión. Pensaba volver a su casa en cuanto terminara. Platicamos un rato y luego bajó a la reunión. Como una hora después llamaron a la puerta de mi oficina y me informaron que mi colega había colapsado durante la reunión. Cuando llegué al tercer piso encontré a los paramédicos que atendían a Nadine. En poco tiempo se la llevaron al hospital en ambulancia.

Después de comer nos dijeron que Nadine había sufrido un aneurisma y el pronóstico era malo. Lo más seguro era que no sobreviviera hasta el día siguiente. Todos nos conmocionamos. Trabajábamos como de costumbre y de repente, había sucedido una tragedia. Nadine murió en el hospital la noche del domingo, tras sufrir varios aneurismas y una apoplejía masiva.

La oficina de Nadine, antes un sitio de risas, papeles regados, fotografías, otros efectos personales y una mujer en la plenitud de la vida, quedó vacía. Nadine ya no estaba. Quedaba solamente su recuerdo para sus parientes, amigos y colegas.

Un domingo por la mañana, María Magdalena y la otra María llegaron a la tumba donde Jesús estaba sepultado. Encontraron la piedra de la entrada fuera de su lugar y la tumba, vacía. Él ya no estaba ahí. Un ángel les dijo que sabía que buscaban a Jesús, que había muerto crucificado. Les dijo que había resucitado y las invitó a ver el sitio donde había estado su cuerpo. Les aconsejó que fueran rápidamente a avisar a los discípulos. El ángel también les dijo que Jesús se dirigía a Galilea y allí podrían verlo. Ellas salieron presurosas de la tumba con miedo y gran alegría y fueron a buscar a los discípulos. Jesús encontró a las mujeres en el camino y les dijo que se regocijaran. Se emocionaron tanto que se arrojaron a sus pies y lo adoraron.

Él ya no está... Agradezco a Dios porque nada lo pudo retener en el sepulcro. «¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde tu venenoso aguijón?» (1 Corintios 15:55). Jesús se fue a prepararnos un lugar. Prometió volver otra vez para recibirnos en persona para que estemos donde él está. ¡Resiste hasta que vuelva!

Sharon Long (Brown)


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