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Mi promotor

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Tú que habitas al amparo del Altísimo, tú que vives al abrigo del Todopoderoso, Salmos 91: 1.

NACÍ Y CRECÍ EN ZIMBABUE y en 1987, decidí mudarme a la capital, Harare. Tuve que renunciar a mi empleo y conseguir uno nuevo. Por alguna razón no pudieron transferirme, lo cual me hubiera facilitado las cosas.

Lo primero fue rentar un pequeño departamento. Luego busqué trabajo, antes de que se acabaran mis ahorros. Sabía que no sería fácil, porque había mucho desempleo y pocas ofertas para mi profesión.

Aprendí a confiar en Dios desde niña, así que no me desanimé. Fui a cinco entrevistas en el primer mes. Lo más decepcionante fue que unos ladrones me robaran mi carpeta cuando volvía de una entrevista a mi departamento. En la carpeta llevaba todas mis identificaciones, currículums y referencias laborales. Fue un severo revés, pues me llevaría meses reemplazar algunos de esos papeles. Sin embargo, tampoco me desanimé. Seguí presentando solicitudes, orando y ayunando.

Un día, no mucho después de perder mis documentos, revisaba la bolsa de trabajo de un periódico local y noté el anuncio de una empresa que buscaba a alguien que tuviera mis habilidades. Llamé y me invitaron a una entrevista el día siguiente.

Cuando llegué, me enteré de que otras dos mujeres también esperaban que las entrevistaran para el mismo empleo. Tres candidatas para una vacante. Esas mujeres sabían cómo vestirse para una entrevista y llevaban gruesas carpetas, seguramente llenas de pruebas de sus habilidades. Yo vestía un atuendo modesto y mi único promotor era Dios.

Entrevistaron primero a las otras mujeres. Cuando llegó mi turno, confesé que no tenía documentos pero sabía cómo hacer mi trabajo. Después de la entrevista me dijeron que esperara en la recepción con las otras dos candidatas. Después de 20 minutos de ansiosa espera, me llamaron para decirme que el puesto era mío. ¡No sé cómo describir la felicidad que sentí! Es más, aquella misma tarde alguien me devolvió mi carpeta perdida con todos los documentos. Sean cuales sean tus circunstancias, confía en el Señor, cuya Palabra nunca falla.

Peggy Rusike


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