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No temas

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¿No se venden cinco pájaros por unos céntimos? Pues ni de uno de ellos se olvida Dios. En cuanto a ustedes, tienen contado hasta el último cabello de la cabeza. No tengan miedo, porque ustedes valen más que todos los pájaros, Lucas 12: 6, 7.

MI VIDA ESTABA LLENA DE ANGUSTIA. No alcanzaba a comprender por qué tenía tantos conflictos. Dios parecía estar muy distante, incapaz de escuchar mis súplicas. Mentalmente, yo sabía que él estaba presente todo el tiempo; pero mi corazón estaba tan roto que necesitaba alguna reafirmación de su amor.

Cuando era niña, mi madre estuvo a punto de morir, pero encontré consuelo y fuerza al dirigir mi mirada hacia las montañas cercanas. Eran símbolos de la inamovible estabilidad y la ayuda que Dios podía darme. «Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Salmos 121: 1). Ahora, muchos años después, una montaña al otro lado del valle me llamaba.

Necesitaba hacer una tremenda cantidad de ejercicio físico para aliviar mi estrés emocional, así que fui hasta un sendero y comencé el difícil y empinado ascenso a la montaña. La primera nevada de la estación hacía que el terreno fuera un poco traicionero pero ya nada me iba a detener. Sorteé rocas y bancos de nieve y seguí. Admito que tuve la tentación de volver en varias ocasiones pero no cejé, hasta que se agotó mi energía por completo y ya no pude subir más. Se habían agotado mis reservas. Exhausta, me dejé caer sobre un tronco caído y comencé a orar entre sollozos. De repente noté que un arrendajo de Steller (ave de vivo color azulado) hacía una curiosa danza en el sendero más abajo. A veces se detenía, me miraba y movía su cresta de un lado al otro. Acaparó mi atención durante un buen rato. Dios me había animado mediante mi pasatiempo de observar aves anteriormente. Ahora gracias a ese alegre encuentro en el sendero, de nuevo me brindaba atención especial.

Ese precioso arrendajo me divirtió, animó y ayudó a darme cuenta de que no necesitaba temer al futuro. Tenía un Dios que me entendía. Sabía cuántos cabellos tenía en mi cabeza y usaría las pruebas para prepararme, de modo que tenga una relación más profunda conmigo en esta tierra y pueda convivir gloriosamente con él durante la eternidad.

Dona Lee Sharp


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