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Canciones nocturnas

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De día el Señor envía su amor, de noche un canto me acompaña, una oración al Dios de mi vida, Salmos 42: 8.

LAS ESTACIONES DE LA VIDA transcurren con rapidez. A veces con las prisas, olvido lo cerca que está el cielo de la tierra y entonces me siento tan sola. A medida que la vejez traza sus rutas en mi vida, disminuyen mi ánimo naturalmente alto y mis expectativas. Padezco de dolores y depresión, y rara vez escucho la voz de Dios como en épocas anteriores.

Pero aprendo alternativas para escuchar aún su débil voz. En vez de fabulosas reflexiones y delicioso éxtasis en su presencia, he descubierto que me envía canciones en la noche que me ayudan a dormir bien. Caminar por fea solas es la senda que debemos recorrer los mayores. Cuando el desánimo amenaza con impedirme dormir, Dios trae a mi mente la letra y las melodías de viejos himnos.

Anoche desperté con una sensación de pérdida ahora conocida: pérdida de salud física, movilidad, éxito, ser el centro de mi vida. Una canción (en inglés) de inmediato penetró mis pensamientos, una que no he escuchado desde hace años: «¿Resistirá tu ancla en la tormenta de la vida?».

«¡Sí!», fue mi sincera respuesta inmediata. «¡Sí! No debo tener miedo o preocuparme. Mi ancla está sujeta a la roca de Cristo.» La paz llenó mi alma y volví a dormir sin problemas.

Antes no reconocía la importancia de los viejos himnos en mi diario andar con Dios. Ahora ya soy consciente. «El mundo es de mi Dios», «He decidido seguir a Cristo», «¡Oh, qué amigo nos es Cristo!»; Dios ha usado estos himnos y otros menos conocidos, para lograr que yo duerma bien. Con frecuencia han pasado años desde la última vez que escuché el himno o lo oí mencionar, pero ahí está, la melodía y la letra, resonando en mi mente. Llega el sueño reparador. A veces despierto en la mañana con una canción. Tengo un himnario junto a la silla que uso para orar, para refrescar mi corazón con toda la letra de la canción que Dios me ha dado.

No creas que soy una música o cantante nata. Dios no me concedió ese don. Pero mi esposo, que sabe de música, señaló el otro día cuando me oyó cantar, que sé llevar con exactitud las melodías. Así que este es el regalo especial de Dios en mi vejez: una canción en mi corazón.

«Gracias, Jesús, por las canciones nocturnas.»

Carrol Johnson Shewmake


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