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La obediencia y el amor de Dios

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Como amar significa cumplir los mandamientos del Señor, vivan conforme al mandamiento del amor, tal como se les enseñó desde el principio, 2 Juan 1: 6.

HARRY Y YO NOS DIVORCIAMOS EN 1993. Sin embargo, Dios me habló y colocó una carga en mi corazón: Sentí que debía volver y sanar ese matrimonio. Para mí, fue asunto de obedecer completamente su Palabra. Volví y nos casamos otra vez. En l996 descubrimos que Harry tenía cáncer progresivo y le quedaban seis meses de vida. Si no hubiera vuelto, él habría pasado sus últimos días en un sanatorio en vez de su casa, como deseaba. Así que Dios proveyó para satisfacer su necesidad. Creo que Dios siempre tiene un propósito para todo lo que permite que nos suceda.

A medida que avanzaban los días y las semanas, pasé muchas horas cuidando personalmente a Harry. Un día sentí que necesitaba descansar y pedía una amiga que se quedara con Harry para que yo pudiera hacer las compras navideñas.

Hacía un día inusualmente hermoso cuando subía mi automóvil para ir al centro comercial. Encendí el reproductor de CDs para escuchar música de alabanza, abrí el quemacocos y comencé a orar. La música era tan bella que mientras oraba, comenzaron a escurrirme las lágrimas; el Espíritu Santo me rodeó y el amor de Dios llenó el coche con tanto poder, que no pude contenerme y grité: «¡Dios, ya no aguanto!». Sentí su asombroso amor ese día como nunca lo olvidaré. Mostró que me amaba por mi obediencia al haber vuelto con mi esposo y cumplir mi responsabilidad para con Harry y los Mandamientos divinos.

Dios colocó su amorosa mano sobre mi corazón y lo llenó con amor, paz y contentamiento como no alcanzo a explicar. Su amor es eterno, nunca falla, nos llena de agua de vida para que nunca tengamos sed. Pero también fluirá a través de nuestro ser como la misma vida. Mi vida es suya, sin miramientos; amor total y confianza que me sacarán adelante hasta que él venga por mí. ¿Disfrutas tu también esta sensación de amor?

Oro para que experimentes la satisfacción de su amor al igual que yo, sea como sea. No hay explicación. ¡Él es tan hermoso para mí!

Margaret C. Duran


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