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Arquitecto de los sueños

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Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuanto más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?, Lucas 11: 13.

SEGÚN MI OPINIÓN, mi madre era una mujer fenomenal. Trabajaba sin descanso para asegurarse de que estuviéramos bien. Muchas cosas admiraba de ella. Su fuerza, bondad, agudeza y capacidad de reírse de los problemas. Además, mi madre se aferraba a todos mis sueños. De niña, recuerdo las vacaciones de verano en que estuve mucho tiempo coloreando casas que había dibujado. Cuando se las enseñaba, mi madre siempre decía:

-Cuando seas grande te compraré una casa.

Una vez me dijo, cuando yo estaba en la preparatoria, que había comprado un terreno para que ahí construyera mi casa. No le di importancia pues a mi edad, ¿qué importaba tener una propiedad? No sospechaba que mi madre conservaba mi sueño de tener mi propia casa. Cuando cumplí veinticuatro me mudé a mi nueva casa. Con ayuda de mi madre, mi sueño se había cumplido. Mientras que yo ni me daba cuenta, mi madre trabajaba duro tras bambalinas para asegurar que mi sueño de tener una casa se hiciera realidad. Hoy es un símbolo de su amor y dedicación.

Tenemos un Padre celestial que es el arquitecto de los sueños, especialista en planear vidas y reparar ilusiones incumplidas. Quisiera que hoy forme parte de tus circunstancias, sin importar cómo está tu vida. Dios puede hacer que tus sueños y aspiraciones se hagan realidad mucho mejor de lo que imaginas. Su Palabra dice que tiene planes para hacerte prosperar (lee Neh. 2:20). Aunque sus planes para nuestras vidas nos parezcan insignificantes, él constantemente espera que demos siquiera un vistazo a los planos que diseñó para que vivamos aquí y en la patria celestial.

A veces nuestros sueños no corresponden a sus planes, pero él nos espera con fidelidad. Su plan incluye felicidad, paz, salud, éxito en nuestros empleos y relaciones. Es un regalo gratuito y solamente está a una oración de distancia. Mi madre logró ayudarme a cumplir mi sueño de tener un hogar propio; pero su regalo es incomparable a lo que Dios nos ha preparado. Ha construido una mansión, no nada más una casa, para cada persona. ¿Aceptas hoy ese regalo gratuito?

«Arquitecto de mi vida, gracias por aferrarte a mis sueños. Ayúdame a confiar más en ti.»

Carol Robinson


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