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La colina de apoyo

Matutina para Android

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Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio?, Salmos 121: 1.

DEBIDO A UNA INCONTROLABLE DIABETES, tuve problemas de salud. Mi segunda hija también tenía los suyos. Tratar de ser una buena ama de casa con un empleo muy exigente, perjudicó mi bienestar y terminé en el hospital.

Pero en el hospital me preocupaba el estrés. Un día, mientras daba un paseo por el corredor, me invadieron pensamientos pesimistas. De repente, encontré una puerta abierta. Sin pensarlo mucho entré al pequeño cuarto cuya única ventana estaba abierta. Cuando me asomé a la ventana, mi mirada se posó sobre una pequeña colina y un cerro a la distancia.

La serenidad de esa pacífica escena de inmediato inundó mi mente con las palabras «Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? Mi auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra». Con la misma rapidez, aquellos pensamientos deprimentes parecieron desvanecerse a medida que otros felices y agradables los sustituyeron. ¡Qué seguridad tan deliciosa! Mi salud viene del Señor pero siempre y cuando levante mis ojos a los montes. Es el mismo grandioso, gigantesco, poderoso ser que creó el cielo y la tierra.

¿Por qué estaba tan preocupada? Creo que había olvidado levantar mis ojos a los montes. Un gran Papá me cuida. Es el único que puede darme fuerza, consuelo y alivio. Cuanto más tuve los ojos fijos en el Señor de esos montes, más mis pensamientos circularon de la oscuridad y el desánimo hacia cosas más positivas y alegres. Sentí que la presencia de Dios me cubría, su brazo sobre mis hombros. Me sentí feliz.

No sé cuánto tiempo estuve en ese pequeño cuarto, fija en la gloria, pero cuando salí, era un ser humano completamente diferente. Esos pensamientos nuevos y saludables permanecieron conmigo. La vida ya no parecía tan cruel, dura y desagradable. Al día siguiente volvía pasear por el mismo corredor para entrar al cuartito. Quería más. Nunca encontré aquella puerta abierta. No pude evitar preguntarme si Dios había provisto esa puerta solo para mí. Es una pregunta que nunca he podido responder.

«Gracias, Señor, por estar conmigo cuando te necesitaba. Por favor consérvame fiel.»

Joyce O'Garro


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