Regresar

Optimismo permanente

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Estoy rebosante de ánimo y de alegría a pesar de todas las penalidades, 2 Corintios 7: 4.

EN EL PUEBLO DE SOKCHO, al norte de Corea del Sur, vive un granjero muy devoto que cree con firmeza que Dios lo cuida a toda costa y sabe lo que más le conviene. El granjero fiel daba el diezmo de las ganancias de su pequeña tienda y cualquier producto que cosechaba en su granja y un invernadero. Colocaba su diezmo en una cajita y nunca lo contaba antes de llevarlo a la iglesia cada sábado.

Cuando la comunidad se llenó de miedo al ver una horda de saltamontes aparecer en el horizonte, el granjero confío en que Dios cuidaría sus cultivos y expresó su confianza a sus vecinos. Contrario al final perfecto de una historia de «oración contestada», los saltamontes destrozaron los cultivos del granjero, como los de todos los demás. Muchos de sus amigos se burlaron de su creencia en un Dios que no tenía poder para protegerlo. El fiel granjero replicó:

-Los saltamontes son criaturas de Dios y si él decidió usar mi granja para alimentarlos esta vez, por mí está bien.

Se rehusó a dudar. Su optimismo permanente siguió inquebrantable.

Posteriormente, cuando un tifón arrasó con la zona, los granjeros perdieron sus invernaderos junto con sus cultivos. Cuando salieron de sus casas después de la tormenta, se llevaron la sorpresa de que el invernadero del granjero fiel era el único que los fuertes vientos no habían tocado. En esa ocasión, Dios había decidido proteger y bendecir al granjero, que a su vez, lo agradeció.

Un optimismo permanente es producto de la fe que se desarrolla cuando se tiene una relación cercana con Dios y se confía en que él sabe lo que más conviene. Mediante lo bueno y lo malo, sostenemos que Dios lo vigila todo. Cuando los saltamontes destruyeron los cultivos, nuestro granjero no pasó hambre. En toda ocasión, personas como él agradecen y buscan la mano del Señor y sus planes, en vez de quejarse. Este tipo de optimismo no usa la fe para presionar a Dios, de modo que envíe bendiciones. Hasta en las circunstancias más adversas, tienen la seguridad de que Dios está presente.

Un admirable predicador y escritor, E.E. Cleveland, dice que tal optimismo es un rasgo de carácter, no una emoción voluble. «Hay que buscarlo y al recibirlo, valorarlo. Se imparte individualmente. Se hereda. El cielo tiene tanto que le sobra.» Quienes conocen a Dios tienen alegría y paz que el dinero no puede comprar

Sally Lат-Phoon


Envía tus saludos a:
No Disponible