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Su corazón

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Su propósito es firme, va atesorando bienestar, pues confía en ti, Isaías 26: 3.

CUANDO MI HIJA DANIELLE vino a pasar sus vacaciones en casa durante su segundo año en la universidad, llegó con un gatito atigrado escuálido y enfermo, con la promesa de que luego se lo llevaría a la escuela. Rechazado y perdido en la basura donde ella trabajaba ese verano, lo rescató de la muerte. Con ojos suplicantes me rogó que la dejara quedárselo. No pude rehusarme. Era un gatito tan tímido que instintivamente lo llamé Timmy. Sobra decir que cuando mi hija volvió a la escuela me dejó a Timmy. Supongo que podría decir que con los años él se ha fusionado a mi corazón, pues hemos envejecido juntos.

Cuando me siento en mi sillón favorito a leer o relajarme, puedo esperar a que en cuestión de minutos, Timmy se haya colocado en mi regazo. Salta con tanta determinación y habilidad que siempre me sorprende su agilidad. Un día lo observé dormir en mi regazo. Ronroneó con suavidad mientras lo acariciaba. Se veía tan tranquilo y satisfecho. El sentimiento era mutuo, porque disfrutaba tenerlo en mi regazo. Ni siquiera levantaba la cabeza para ver quién lo acariciaba. Conoce y confía en la mano invisible. Confía en que yo le daré lo que necesite. Confía en que lo alimentaré cuando tenga hambre o le daré agua cuando tenga sed. Confía en que estaré presente cuando necesite un regazo en el cual acomodarse. Sí, confía en mí y su confianza me beneficia.

Sentada observando en silencio a Timmy, una vívida imagen de mi Señor y Salvador apareció en mí artísticamente. Imaginé cuántas veces he ido a Dios como una niña a su padre y subido a su regazo. Pensé en lo agradable que le debe resultar que nosotras, las hijas de Sion, nos acerquemos a él con esa confianza infantil. Se debe sentir de maravilla cuando vamos a él con la seguridad de que satisfará todas nuestras necesidades, o que está cerca para consolar nuestros corazones angustiados. Qué paz y contentamiento está dispuesto a impartirnos cuando vamos a él como hijas del Dios viviente. ¡Somos su corazón! ¡Sus hijas! Nada hay que no haría para protegernos o atendernos. Así que, ¿por qué no confiar en él? ¡Nos ama!

¿Ves cómo Dios es un todopoderoso Padre? ¿Te das el tiempo de subir a su regazo y estar contenta en su presencia? ¡Haz la prueba hoy!

Evelyn Greenwade Boltwood


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