Regresar

Objetos puntiagudos

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme, Salmos 51: 10.

VIAJABA CON MI SUEGRA de California a Washington, D. C. Nosregistramos en el aeropuerto sin dificultades. Registramos nuestras cuatro maletas y pedí una silla de ruedas para mi suegra. El asistente la llevó y yo los seguí. Cuando llegamos al punto de seguridad, dejamos nuestro equipaje de mano y zapatos en la banda del escáner y pasamos por el detector. Uno de los guardias de seguridad preguntó a mi suegra qué llevaba en su bolso.

-Mis efectos personales -respondió ella.

-¿Lleva algún objeto puntiagudo, señora? -preguntó él.

-Sí, un cuchillo pequeño para abrir mi bolsa de papitas en el avión -contestó mi suegra. El guardia le recordó que nadie tiene permitido subir cuchillos a bordo.

Buscó el cuchillo pero no lo encontró. Ella luego vació su bolso pero tampoco apareció. Para apresurar la inspección, le pregunté dónde lo había puesto.

-Ahí debería estar, lo metí ayer -dijo.

Otro guardia se unió a la inspección y por fin encontraron el cuchillo en un sobre. Por lo visto, mi suegra había dejado caer el cuchillo a su bolso y quedó dentro del sobre. Confiscaron el cuchillo y nos dejaron seguir a la sala de abordaje.

En la vida llevamos objetos puntiagudos. El apóstol Pablo nos recuerda que como discípulas de Cristo, necesitamos deshacernos de esos objetos: el materialismo, la envidia, la codicia, los chismes, el odio y tantos otros que son un peligro para nuestras vidas cristianas. En muchas ocasiones los conservamos en secreto con el objetivo de parecer personas justas. Pensamos que los podemos esconder. Olvidamos que «la boca habla de lo que rebosa el corazón» (Mateo 12: 34). Cuando pasamos por el detector de las pruebas y el desánimo, esos objetos puntiagudos quedan bien a la vista en nuestras reacciones a las dificultades de la vida.

La buena noticia es que el Señor desea quitarnos todos esos objetos puntiagudos. Quiere alejarnos del peligro. Solamente debemos rendirnos a él para que podamos viajar a salvo y felices con los demás pasajeros. Entregarle esos objetos puntiagudos nos permitirá disfrutar una paz que sobrepasa el entendimiento y nos convertirá en cristianas amantes y amadas.

Jemima Dollosa Orillosa


Envía tus saludos a:
No Disponible