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Tres oraciones

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Respóndeme cuando te llame, tú, oh Dios, que eres mi defensor; tú que en la angustia me confortaste, apiádate de mí, escucha mi oración, Salmos 4: 1.

CUANDO YO TENÍA VEINTE AÑOS apenas, me encontré sin hogar, sin esposo y sin recursos financieros. Pero era madre de un niño de un año. Mi mayor preocupación era conservar la custodia de mi hijo, así que mi madre lo cuidaba para que yo pudiera trabajar.

La religión no era parte de mi vida; sin embargo, cuando mi hijo cumplió siete, ofrecí mi primera oración por él. Miré hacia el cielo. Hablé con un Dios que no conocía y oré: «Dios mío, no me dejes morir mientras mi hijo sea pequeño; no sabe cuidarse solo. Por favor, confío en ti».

Cuando mi hijo cumplió doce, contrajo el tétanos. Los doctores dijeron que era mortal. Durante los 45 días que estuvo en el hospital, lo visité todos los días. Una vez abrí la puerta de su habitación y lo encontré rodeado de doctores y enfermeras, que le daban oxígeno y masajeaban. Su pecho. Se le colapsaban los pulmones. Volví a casa, desesperada y sin esperanza de volver a ver a mi hijo con vida. Así que mi segunda oración fue: «Padre, si curas a mi hijo te lo daré a ti. Desde este día en adelante, ya no es mío, es tuyo». Para mi alivio, Dios curó a mi hijo.

La tercera oración tuvo lugar tres años después, cuando mi hijo tenía veintitrés años. Vivíamos en Nueva York. Planeaba casarse con una joven. Me preocupaba la situación porque ella le gustaba, pero no la amaba. La fecha quedó establecida y se hicieron los preparativos de la boda. Hasta les hice el vestido de novia y el traje del novio. Siete días antes de la boda volví a Brasil. Todavía me molestaba el compromiso, así que oré: «Dios mío, sabes que mi hijo no ama a esa chica, pero si es para que ambos sean felices, que se casen. Si no, que cancelen la boda». Un mes después me avisaron por teléfono que la boda no se había celebrado. Al año siguiente, mi hijo regresó a Brasil. En 1973 descubrimos la iglesia que habíamos buscado y nos bautizamos. Conoció a una jovencita de la misma religión. Se casaron hace 25 años y tienen cuatro hijos maravillosos.

«Te alabo, Señor, porque escuchas nuestras oraciones y respondes como sabes que más nos conviene.»

María de Lourdes Ferreira


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