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Protección

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Haz resplandecer tu amor, tú que salvas de sus atacantes a quienes se refugian en ti, Salmos 17: 7.

CADA AÑO HAY NUEVAS AVES en nuestro patio trasero. Me encanta ver las diferentes variedades, sobre todo a los bebés. Si comen semillas, con el tiempo aprenden a visitar nuestro alimentador de pájaros disfrazado, para comer hasta hartarse. Otras aves comen gusanos e insectos; como se alimentan más lejos, necesito mis binoculares para verlos mejor.

Hace algunos años, cuando uno de mis bebés de azulejo dejó su nido, al mismo tiempo yo me dirigía a limpiar el área de los perros. El papá azulejo observaba y temía que yo lastimara o aplastara a su bebé que recién volaba. Bajó volando cerca tanto de los perros como de mí, para advertirnos y asegurarse de que su pequeño no sufriera algún daño. Con cuidado retrocedí hasta que él se asegurara de que el pajarito estuviera lejos del peligro, luego continué mi labor. Una vez que el bebé estuvo protegido de nuevo, el papá nos dejó en paz. ¡Qué padre protector tan maravilloso era!

Me pregunto cuántas veces Dios me ha protegido y ha advertido a otra gente que no me lastime, sin que yo me haya dado cuenta. Pienso en todas esas veces que estuve a punto de sufrir un accidente en las carreteras interestatales de Maryland a Vermont y de Tennessee a Vermont, de ida y vuelta. Son recorridos muy largos y sé que el Señor ha extendido su mano sobre mi familia y yo, muchas veces.

También pienso en las dos veces que estuve a punto de morir al dar a luz, pero Dios me permitió sobrevivir. Uno de nuestros bebitos, un niño, nació muerto. Anhelo verlo en el cielo cuando Jesús venga a recogernos. Pienso en la niñita que pudo vivir, pero solamente durante veintiocho años, antes de que Dios le permitiera fallecer. Me alegra tanto tener un Dios que ha prometido regresar y llevarnos a vivir con él.

Cada día decido pensar en todas las bendiciones que nos da y aquellas grandiosas que están por venir, como vivir con él en el cielo donde «no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor» (Apocalipsis 21:4).

Viene en camino. ¡Lo prometió!

Loraine F. Sweetland


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