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No habrá lágrimas en el cielo

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Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo viejo ha desaparecido, Apocalipsis 21:4.

«¿ESTÁS SENTADA?». A nadie le gusta escuchar esa pregunta, pues indica de inmediato que sucedió algo muy malo. Una noche de domingo recibí esa llamada. Una de mis hermanas, que vivía en Estados Unidos, me dio la devastadora noticia de que el esposo de otra hermana y dos de sus hijos, habían sufrido un terrible accidente automovilístico. El esposo y mi sobrino murieron al instante; a mi sobrina de trece años, Carla, la habían llevado al hospital en helicóptero. Estaba muy grave y la estaban operando cuando hablé con mi hermana.

Ahora teníamos el problema de dar la noticia a nuestra madre. Cuando la supo, rompió en llanto y fue muy difícil consolarla. Por su parte, a mi hermana Maureen le costaba muchísimo trabajo lidiar con la situación. Intentamos consolarla por teléfono lo mejor que pudimos mientras nos alistábamos para ir a su encuentro.

En el funeral, hubo muchas lágrimas que parecían eternas. Al contemplar las muertes, me pregunté dónde había estado Dios en el momento del accidente. Había orado por ellos aquella mañana, entonces, ¿por qué no los había protegido? Estaba furiosa.

El domingo, después del funeral, llamó el doctor para avisarnos que Carla no estaba recuperándose, pues tenía una inflamación cerebral que no cedía. Cuando todos la visitamos, mis sobrinos lloraron al ver a su hermana conectada a máquinas auxiliares, incapaz de hablar con ellos. Un amigo de la familia habló con ellos en privado y les dijo que Dios escucha las oraciones de los niños, así que si oraban por ella, él los escucharía. Se sintieron un poco mejor.

Así sucedió. El domingo por la mañana, otras dos hermanas iban a viajar a Jamaica pero también decidieron visitara mi sobrina. Mi mamá, que entró primera, salió y dijo que Carla estaba despierta y podía hablar. Me emocioné tanto que comencé a gritar y dar saltos, alabando a Dios por haber cuidado a Carla. Cesé de estar enojada con él. Vi lo asombroso que es.

¡Qué glorioso día será cuando lleguemos al cielo y veamos de nuevo a nuestros seres queridos! Todo será alegría y felicidad eternamente.

Viveen McLeary


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