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El sacrificio

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Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino tenga vida eterna, Juan 3: 16.

ESTABA ENAMORADA y a punto de casarme. Pensaba que Dios nos había juntado y no necesitaba pensar en otra cosa. ¿O sí? Sabía de memoria los votos matrimoniales pero nunca había pensado bien en su significado. No me había detenido a pensar en lo que sacrificaría por ese hombre o si sería capaz de dar mi vida por él. ¿Alguien pensará en esas cosas antes de su boda?

En noviembre de 1993, cuando me casé con James, jamás me imaginé que alguna vez tendría que tomar una decisión que determinaría si viviría o moriría. En apariencia, era un cristiano saludable. Hasta donde yo sabía, sus únicos problemas eran que su ojo derecho no veía bien y ya no tenía apéndice. No tenía motivos para creer que diez años después tendría insuficiencia renal y ninguno de sus hermanos podría o querría donarle un riñón. Le han dicho a James que Dios le envió la compañera adecuada, porque yo fui capaz de tomar una decisión sumamente difícil. Amaba al Señor y confiaba en que sabría lo que más me convenía, así que, ¿cómo decidir otra cosa? Había jurado amor incondicional a mi esposo. ¿Acaso no lo amaba tanto como para donarle un riñón si era compatible? Cristo dio todo para salvarme. ¿Por qué habría de molestarme hacer un pequeño sacrificio para salvar a mi esposo?

Sin titubear, decidí dar a James uno de mis riñones. Me han preguntado si tuve miedo y honestamente puedo decir que no. Creía con todo mi corazón que Dios sabía que llegaría ese día y así como puso a Ester en el lugar correcto en el momento indicado para salvar a su pueblo, también me había conducido hacia ese hombre para un momento así.

¿Qué tan profundo es tu amor y qué estarías dispuesta a sacrificar en su nombre? Dios nos amó tanto que sacrificó la vida de su único Hijo para darnos la oportunidad de tener vida eterna.

«Querido Dios, hiciste el máximo sacrificio porque amaste. Ayúdame a aprender a amar tan profunda y totalmente como tú.»

Theodora V. Sanders


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