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Sin murmurar

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Aunque se demore, tú espérala, porque ciertamente se cumplirá sin retraso, Habacuc 2: 3.

HE ORADO Y ESPERADO A QUE DIOS me bendiga con buena salud, un empleo y salud para mi hija. Pero he tenido muchos problemas, aunque el Señor me ha sustentado gracias a la ayuda de mis hermanos de iglesia.

Nuestra hija Marian había estado muy enferma. La habían operado dos veces pero todavía batallaba con su enfermedad, a pesar de las oraciones y los esfuerzos de los doctores. Mi esposo me animaba a esperar en el Señor con fe.

¿Durante cuánto tiempo más oraríamos y esperaríamos? ¿Éramos tan pecadores que Dios no reconocía nuestras oraciones? No, él no es así. Una vocecita me decía que él nos ama como dice su Palabra.

La Biblia nos habla de la gente de antaño y eso me da ánimos. Pensé en el paralítico de Betzata. ¡Llevaba 38 años de espera! O la mujer que había tenido hemorragias durante doce años. También está Sara. ¿Qué mujer podría tener un hijo a los noventa y nueve años? Recordé que el patriarca Noé tuvo que trabajar, predicar y esperar durante 120 años. La pobre Raquel esperó siete años para casarse con su amado y luego, persistió en su matrimonio hasta que tuvo a José y a Benjamín. ¡El pueblo de Israel! Esclavo en Egipto durante unos 400 años.

¿Será que esa gente no oraba? ¡Claro que oraba! ¿Por qué tuvieron que sufrir durante tanto tiempo? Eso no lo puedo decir. Pero sí sé que Dios los amó a todos y también nos ama a mi hija y a mí. Así que en el momento que designara, nos sanaría a ambas y me bendeciría con un empleo de maestra, Todo lo que necesitamos es resistir con humildad y no murmurar, pues Dios está al mando.

También te digo, pues, que resistas con esperanza y no murmures. No hemos esperado la mitad de lo que esperó la gente de antaño. Recuerda que lucharon y esperaron. Luego recibieron sus bendiciones.

«Padre, te agradezco sinceramente por la bendición de seguir viva tras cinco años de lucha contra el cáncer. Por favor cuida a nuestra Marian y si es tu voluntad, sánala completamente para tu gloria.»

Mabel Kwei


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