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Dar permiso

Matutina para Android

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Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuanto más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?, Lucas 11: 13.

TEMÍ QUE MI VIEJA computadora no sobreviviera al viaje de un extremo al otro del país. Fue entonces que mi cariñoso hijo en California me compró una iMac con un monitor de 20 pulgadas. ¡Quedé encantada! Como él sabía que yo no conocía las Macintosh, tuvo la amabilidad de enviarla a mi hijo de Maryland para que instalara todos los programas que necesitaría y mucho más. Luego la equiparon para que, a distancia, ellos pudieran ayudarme a hacer la transición a una Mac. Cuando todo estuvo listo, me enviaron la computadora a mi nueva casa de Tennessee.

No estuve segura de cómo saldría todo hasta que un día llamé a mi hijo y le pedí que me ayudara a resolver un problema. Se sentó frente a su computadora y de repente, una ventana se abrió en mi pantalla para solicitar mi permiso de darle acceso remoto a mi computadora. Di clic a «Sí» y pronto mi cursor comenzó a moverse mágicamente por el monitor, al parecer con voluntad propia. Abrió ventanas, programas, ajustó preferencias y resolvió todos mis problemas. Me sorprendió esa tecnología a larga distancia y sobre todo, agradecí el cariño de mis dos hijos.

Todo eso me hizo recordar las mentes de diseño celestial que Dios nos ha dado, equipadas con diversos talentos, simplemente porque nos ama. Pero nuestra humanidad con frecuencia nos impide tomar decisiones sabias. Las perplejidades confirman que necesitamos ayuda y sobre nuestras rodillas, buscamos consejo divino. Admitimos al Espíritu Santo y le damos permiso de dirigir nuestras vidas como él sabe mejor. A veces resuelve nuestros problemas milagrosamente. Con más frecuencia, nos manifiesta su voluntad y permite tomarla decisión final. Sí, es un proceso de aprendizaje. Nos toca dar permiso. Así nuestras vidas serán más productivas y se enriquecerán con la experiencia.

He dedicado, pues, esta iMac a mi maravilloso Amigo y Salvador, decidida a cumplir su voluntad y usarla para bendecir a otra gente. Lo que es más importante, le he dedicado lo que me queda de vida, para que me use como su instrumento para llevar a cabo el gran plan que ha diseñado. ¡Claro, cada día debo recordar cederle todo el control!

Lorraine Hudgins Hirsch


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