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El último regalo de cumpleaños

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El Padre sabe de qué tienen necesidad aun antes que le pidan nada, Mateo 6:8.

MI PADRE CELEBRÓ su septuagésimo quinto cumpleaños el día después de Navidad. En general, cuando la gente llega a esa edad, hay una fiesta para celebrar el don de la vida. En mi país, es muy raro que alguien pase de los setenta años, por eso quisimos festejar en grande.

Quería regalar algo especial a mi padre, organizar su fiesta, pero estaba en bancarrota después de nueve meses de estar sin empleo, así que no me alcanzaba el dinero. Con los pocos pesos que me quedaban, apenas podía comprar un modesto regalo. Aunque sabía que mi padre iba a agradecer cualquier obsequio, quería darle algo más. Merecía algo especial por haber sido un padre bueno y cariñoso.

Cada Navidad, nuestro clan se reúne para divertirse, jugar y comer. Todos tienen oportunidad de participar en los juegos de salón y ganar algún premio. Participan representantes de cada familia y nadie se va con las manos vacías. Cuando me llamaron para que representara a nuestra familia en el último juego, vi una oportunidad de conseguir algunos pesos, pues el premio mayor era dinero en efectivo. Sería un regalo de cumpleaños maravilloso para mi padre, ¡mejor que el que ya había comprado!

Durante el juego nos hicieron varias preguntas a los concursantes. Pasé la ronda eliminatoria. ¡Había mucha emoción! Creo que yo estaba más nerviosa que todos; necesitaba el dinero más que mis oponentes. A medida que avanzaba el juego, oré varias veces: «Dios mío, por favor, ayúdame a ganar». Cuando se planteó la última pregunta, mi oponente respondió mal y entonces supe que ganaría. Agradecía Dios porque respondió mi oración.

Feliz, entregué el dinero del premio a mi padre como regalo de cumpleaños adelantado. Lo agradeció mucho. No sabía que iba a ser el último regalo de cumpleaños que pudiera darle. Falleció cuatro meses después.

Esa experiencia me mostró cómo Dios actúa maravillosamente cuando satisface nuestras necesidades. Conocía mi corazón. Sabía con cuánta sinceridad quería alegrara mi padre en su cumpleaños. También sabía que iba a ser su último cumpleaños. Dios controla los acontecimientos de nuestras vidas. Antes de pedírselo, ya me había dado lo que necesitaba.

Minerva A. Alinaya


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