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Quitar la descomposición

Matutina para Android

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Los rociaré con agua pura y los purificaré de todas sus impurezas; pienso purificarlos de todos sus ídolos, Ezequiel 36:35.

EN ALGUNOS LUGARES DE MI PAÍS, Brasil, hace mucho calor, incluida la ciudad donde vivo al interior del estado de San Pablo. Se la conoce como la «Morada del Sol».

Disfruto mucho abrir las ventanas e invitar al sol a pasar. Así que me complace que mi casa reciba mucha luz de sol. Trabajaba entusiasta en la cocina una mañana cuando percibí un olor desagradable. No había basura en la cocina, revisé el refrigerador. «Tal vez algo se echó a perder», pensé. Pero nada encontré y seguía el mal olor. El sol parecía empeorarlo.

Por fin encontré el problema. Aunque todavía no daban las 10, me di cuenta de que el ardiente sol brillaba con fuerza a través de la ventana, sobre una canasta en la que guardaba las papas y las cebollas. Cuando levanté la canasta descubrí la fuente del olor. Al fondo, donde nadie podía verla, estaba escondida una papa podrida. ¡Las papas que estaban cerca de la parte de arriba se veían perfectas!

Si el sol no hubiera invadido mi cocina y brillado sobre la canasta, quizá no hubiera podido remediar el daño y aquel olor desagradable habría persistido. ¡Tal vez todavía lo buscaría inútilmente!

En muchas ocasiones somos como esas papas. En apariencia, todo anda bien, pero en las profundidades de nuestros corazones y nuestras mentes, nos podrimos debido a pensamientos impuros, pecados ocultos, resentimientos, celos, deseos de venganza y otras cosas a las que solamente puede llegar el Sol de justicia.

¡Cuando alabamos a Dios, solamente él conoce el verdadero aroma que sale de nuestros corazones! Es el único que puede retirar las papas podridas que arruinan nuestras vidas y nos llevan por mal camino. Él sabe todo, ve todo. Conoce hasta nuestros pensamientos secretos. Dejemos que Dios quite todo lo que tengamos podrido. Elijamos emitir una fragancia maravillosa que agrade a quienes nos rodean.

«Oh Señor, lava mi corazón y mi mente. Quita todo lo impuro y podrido.»

Marinés Aparecida da Silva Oliveira


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