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Irresistible

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Allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos, Mateo 18:20.

HACE POCO PLATICÁBAMOS con unos amigos y mi esposo mencionó que conocía a una persona incapaz de sobrevivir sin un grupo de oración. Lo dijo sonriente y mirándome. Llegué a la conclusión de que es cierto; me encantan nuestros grupos de oración. Sin embargo, disfruto los grupos experimentales, en que probamos nuevas técnicas de oración.

Comenzaron a interesarme los grupos de oración cuando leí Qué sucede cuando las mujeres oran, de Evelyn Christenson. La escritora narra su experiencia en la creación de grupos de oración con mujeres. Quedé maravillada, pues las ideas del libro me abrieron y prometieron miles de posibilidades. No obstante, pasaron algunos años antes de que pusiera en práctica las ideas del libro.

Mi hermana y yo creamos un grupo de oración con dos amigas de nuestra iglesia. Experimentamos con algunas ideas del libro y cada reunión resultó placentera. Luego cambiamos al grupo de sede sin abandonar a los grupos. Participamos en varios; algunos excelentes, otros mediocres. Aprendimos mucho de cada grupo que creamos. En los grupos de mujeres aprendimos a confiar en nuestras compañeras de oración; supimos que podíamos ponerlas en acción si necesitábamos oraciones urgentes. Nos sentimos amadas y apoyadas.

No todo es perfecto. A veces surgen conflictos y malentendidos. Como participantes, somos muy distintas. Pero cuando me arrodillo a orar con mi amiga del grupo, me doy cuenta de la unión que solamente Cristo brinda.

Nuestro grupo actual tiene una dinámica eficiente y vivaz. Si hay una necesidad urgente, llamamos a la encargada de comunicar necesidades a las demás miembros. Siempre tenemos ganas de reunirnos y manifestar cómo ha respondido Dios. También he observado que nos hemos vuelto más atentas hacia las necesidades espirituales de las personas cercanas a nosotras.

Me gustaría animarte a participar en un grupo de oración o crear el tuyo. Cuando he dirigido grupos, me he dado cuenta de que he sido la más bendecida, pues la sensación de colaborar con Dios para disminuir el sufrimiento humano es incomparable.

Iani Días Lauer-Leite


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