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¿Por qué lloras?

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Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?», Juan 20: 15.

ME HABÍAN DADO FECHA DE INGRESO al hospital para recibir un trasplante de células madre y ayudarme a combatir el cáncer. Tuve que hacer una última visita a la otorrinolaringóloga que vigilaba una infección en mi oído.

-Definitivamente no te recomiendo que te hagan ahora el trasplante. Todavía tienes mucha infección -dijo después de examinarme.

Cuando volví al hospital de oncología con esa noticia y hablé con mi doctor, comencé a llorar. Había esperado mucho a que me hicieran la operación. Tenía tantas ganas de recuperarme. Había pasado todos los exámenes preoperatorios, pero no, sería imposible; al menos por el momento. El idioma materno de mi doctor no es el inglés, así que a veces me costaba trabajo entenderlo. Pero lo dijo muy claramente.

-Mujer, ¿por qué lloras?

Lo miré para averiguar si se había dado cuenta de que había repetido palabras textuales de la Biblia, que yo reconocí. No sé si así fue, pero me aseguró que me operarían; solamente habría que esperar.

A la mañana siguiente, un salmo medio ánimos: «Espera en el Señor, sé fuerte, ten firmeza; pon tu esperanza en el Señor» (Salmos 27: 14). Comencé a pensar en lo que me había dicho el doctor. ¿Por qué lloré? Los ángeles le preguntaron a María cuando fue a la tumba, a buscar el cuerpo de su Señor. Ni se dio cuenta de que Jesús estaba a su lado. Aunque Cristo mismo habló con ella, no lo reconoció. ¿Por qué tampoco fui capaz de reconocer a Cristo a mi lado?

Había reclamado las promesas. El pastor me había ungido. Sabía que gente de todo el mundo oraba por mí. Muchos amigos, hasta algunos desconocidos, me habían enviado cartas de ánimo. Era momento de ser valiente; sabía que mi vida estaba en manos de mi consolador y redentor, Jesucristo. Aun así, cuando mi tratamiento se retrasó (no se canceló), perdí la fuerza.

Que cada una de nosotras hoy sepamos que Jesús está a nuestro lado, listo para consolamos y animarnos, escuchar todo lo que tenemos que decir, llevar nuestras cargas. Cuando algo de tu vida te supere, pregúntate: «Mujer, ¿por qué lloras?».

Carol Nicks


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