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Por los valles

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Aunque camine por valles sombríos no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan, Salmos 23: 4.

SIEMPRE ES DIFÍCIL CAMINAR por valles sombríos. Comenzamos la caminata con el diagnóstico médico: riñones colapsados, cáncer, insuficiencia cardiaca congestiva. Los nombres varían, pero la lenta caminata por esos aterradores valles, no. A medida que caminamos, las montañas se ven más ominosas: ¿Qué le sucederá a mis hijos? ¿Cómo pagaré estas cuentas enormes? ¿Cuánto tiempo más podré soportar este dolor? ¿Alguna vez saldré del hospital? Cada montaña parece más alta y amenazadora, mientras temblamos en sus sombras.

Con frecuencia llegamos a los valles no por nuestra propia enfermedad, pero por un padre o una madre con Alzheimer, una hija con cáncer de mama, una hermana con leucemia o un esposo con cáncer de próstata. Visitamos a esos seres queridos dolientes en el hospital, deseamos ocupar su lugar. El ruido de las máquinas de soporte vital nos asusta. Los invasivos exámenes nos aterran y lo tratamientos, aún más.

Pero si levantamos la mirada y vemos a Jesús, encontramos consuelo: «No temeré mal alguno, porque tú estás conmigo». Entonces nos damos cuenta. En medio del terrible dolor, a pesar de las cuentas que se apilan, con preocupaciones por el futuro, no tenemos miedo porque confiamos en nuestro Compañero de caminata.

Ningún compañero tiene más experiencia para andar en esos valles. Caminó por las calles de Galilea con Jairo, cuya hija tenía una enfermedad terminal. Cuando el desesperado padre buscó a Jesús, este apenas habló y la niñita volvió a vivir al instante. Tocó ojos ciegos y los curó. Encontró a los diez leprosos y los Sanó. En Betania, Lázaro llevaba muerto cuatro días antes de que Jesús llegara y luego, le devolvió la vida. Con tana evidencia, ¿por qué preocuparnos? ¿Por qué tener miedo a nuestros problemas personales para atravesar los valles sombríos?

Amiga mía, quizá estás en valles sombríos. Aunque las montañas se alcen sobre ti, que el mundo te vea sonreír. No caminas sola. Tienes compañía. Tu Pastor está justo a tu lado.

Annette Walwyn Michael


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