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¡Maranata!

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Estoy a punto de llegar, Apocalipsis 22: 12.

ERA UNA BULLICIOSA MAÑANA de sábado y me apresuraba a tener todo listo. Habría bautismos ese día en la Iglesia Maranata. Entre los candidatos estaba un pariente mío, así que sería una doble celebración.

Tenía que llevar a ocho visitas al templo pero solo tenía un automóvil. Quedaba claro que tendría que hacer dos viajes. Además, tenía que arreglar a mi hijo de seis meses y luego recoger a otros dos parientes en una zona completamente diferente de Bucarest. Bajo presión, guardamos nuestra comida, repasamos los planes del día e hicimos los últimos preparativos para salir.

Tardé como 50 minutos en recoger al primer grupo de invitados y luego llevarlos. Me apresuré a ir por el segundo grupo. Cuando llegábamos al templo, recibí una llamada telefónica de alguien del primer grupo. «¡Ven rápido! ¡Ya van a comenzar los bautismos y esta no es la Iglesia Maranata!», me dijo ansiosa la persona.

Entonces me di cuenta de mi error. En la confusión de la mañana, los había llevado a otra iglesia, que estaba bastante retirada de la Iglesia Maranata. No pude detenerme a pensarlo mucho porque ahora tendría que volver a cruzar la ciudad. Todo terminó bien y estuvimos en alegre comunión. Creo que los ángeles de aquellos que decidieron entregarse a Dios también se regocijaron.

En mi viaje espiritual, ¿pierdo de vista la meta en mi desesperación por soportar la avalancha de actividades diarias? Hasta en sábado, de nuevo me recuerdo casi arrastrándome tras ramos de flores, invitados, la comida, mi hijito. ¿Adónde? ¡Al sitio incorrecto! Bueno, no necesariamente incorrecto, porque habríamos disfrutado un servicio maravilloso en cualquiera de las 17 iglesias adventistas de Bucarest, pero no habríamos llegado al evento para el que nos habíamos preparado.

Tenemos el reto de prepararnos para otro evento, una celebración del universo entero. ¿Es posible que a pesar de nuestras buenas intenciones y nuestros alocados preparativos, perdamos de vista nuestro verdadero objetivo: conocer a nuestro Salvador? ¡Maranata! ¡Señor, ven ya!

Andreea Strámbu Dima


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