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Un corazón agradecido

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Alaben al Señor, aclamen su nombre, proclamen entre los pueblos sus hazañas. Canten y toquen para él, pregonen todas sus maravillas, 1 Crónicas 16: 8, 9.

HACE ALGÚN TIEMPO, cuando el rocío aún pendía de los bordes de cada hoja de pasto y el sol esparcía sus primeros rayos, comenzó mi presurosa rutina diaria en la escuela; esperaba terminar todos los requisitos y reportes del día. Luego una señora mayor me tomó del brazo.

-Qué bonita te ves con ese vestido -me dijo con brillo en sus ojos.

En otra ocasión ya me había hecho un cumplido al anunciar: «Le doy diez puntos a la señorita de rosa». Ahora me sonreía y yo me sonrojé. En mi interior, me sentí halagada y agradecida por sus palabras. Mi día fue muy bueno.

El incidente me enseñó la lección de que debo ser amable y generosa con todos los que me rodean. Decir palabras genuinas a los que nos encontramos en el andar diario de la vida.

Nuestras vidas pueden compararse a un ordinario tendedero del que cuelgan varios problemas e incidentes, en forma de colorida ropa de lino. El tendedero representa a muchas personas. Son como la gente que nos rodea. Tienen almas sin alegría y están insatisfechas con el mundo. Muchas personas tristes viven vulnerables. No podemos medir sus dolores o pensamientos. Pero algo es seguro: anhelan que alguien les diga palabras que aligeren sus cargas. La vida puede ser maravillosa y plena si la enfrentamos con valor, fe, esperanza y ánimo; si buscamos compartir pensamientos positivos con quienes nos rodean.

El vestido que me había puesto ese día era uno viejo, color de rosa hecho de tela barata, pero me gustaba. Cada vez que me lo ponía, me venía el recuerdo de una amiga que me había halagado. Sus sonrisas, su estímulo y lo mucho que apoyó mis programas en la iglesia, fueron muy importantes para mí.

Desde ese día, me he esforzado por hacer felices a los demás; no solamente a mujeres, también parejas y niños. Son dignos de experimentar el mismo ánimo que yo.

Apreciar las buenas cosas que nos rodean debería animarnos a rociar alegría a las vidas de otras personas. Podemos ser una bendición si agradecemos todo lo que tenemos en la vida. La bondad de Dios y sus sorpresas están presentes siempre. ¡Asume el reto! ¡Comparte tu corazón y sé agradecida!

Leah A. Salloman


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