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Día de la independencia

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Si se mantienen fieles a mi mensaje, serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres, Juan 8: 31, 32.

MI ESPOSO Y YO CELEBRÁBAMOS el 4 de julio (Día de la Independencia de Estados Unidos) con un picnic para parientes, amigos y vecinos. Le había comprado ropa roja, blanca y azul a cada uno de nuestros nietos. La playera de Cody casi no llegó a tiempo para la celebración. Cuando se la puso me sonrió y con toda la sabiduría de un niño de seis años, me dijo:

-Es porque ganamos la guerra, ¿verdad, abuela?

-Sí, Cody, es porque ganamos la guerra -respondí. Luego él salió corriendo de la casa. Sacudí la cabeza y pensé: «No tiene idea de lo que sucedió hace más de doscientos años. No entiende cuánta sangre, muerte, cuánto sufrimiento hicieron falta para ganar la guerra. Solo sabe que alguien ganó».

La fiesta fue todo un éxito. Más de 175 personas, de seis a noventa años, se presentaron. Estuvieron los parientes que vemos seguido y amigos que no habíamos visto en meses. Hasta estuvieron varias familias que no conocíamos pero habíamos invitado porque son del vecindario. Usamos la plataforma de seis metros de nuestro remolque como mesa de autoservicio. Estaba repleta de un extremo a otro, de comida maravillosa. Reunidos amigos y parientes, recordamos el pasado y compartimos planes para el futuro. La comunión me emocionó todo el día y la noche. Me desperté en la madrugada y no pude evitar sonreír, al recordar la alegría del día anterior. Mi mente repasó la ocasión y tuve que hacer algunas comparaciones.

Otra gran guerra (Apocalipsis 12: 7-9) se libró hace más de 2000 años (Juan 3: 16). ¿Entendemos cuánta sangre, muerte, cuánto sufrimiento fueron necesarios para ganarla? ¿O como Cody, no tenemos idea? Cristo dijo que encontraremos la verdad si la buscamos con todos nuestros corazones (Jeremías 29:13), porque él es la verdad. Pero muchos hoy día no han escuchado la noticia de su victoria y continúan las escaramuzas con el mal.

Pronto celebraremos el final de ese conflicto y habrá una fiesta magnífica (1 Corintios 2:9). Ya se enviaron las invitaciones (Mateo 25:34), se compraron los atuendos (Isaías 61: 10) y estará presente toda la familia de Dios. Por cierto, ¡puedes llevar amigos! (Mateo 22:9.) ¡Nos divertiremos tanto conviviendo y planeando nuestro futuro eterno! Haz correr la noticia y acepta la invitación hoy.

Diana Inman


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